miércoles, 12 de octubre de 2011

A Pepiño se le acaba el tiempo y le crecen los enanos



Resulta extremadamente curioso el empeño que tiene Pepiño Blanco en no querellarse con el empresario que anuncio y por lo visto denunció, que había engrasado la voluntad de Blanco y que la fiesta le había salido por un pico. Nada más y nada menos que 400.000 euros de sus entretelas le habría presuntamente costado ablandar la voluntad del ministro de Fomento, portavoz del gobierno y si no me engaño Secretario de Organización del PSOE.

400.000 del ala para que Blanco se “portara bien con Dorribo” y otra pasta gansa para uno del PP y otro del BNG, que lo que son las cosas dimitieron en cuanto se publicó la noticia; que hay que ver lo raro que resulta que en este país de nuestros pecados alguien dimita. Pues ya ven ustedes de los tres elementos denunciados por este Dorribo, dos se fueron a casita, protestando su inocencia, pero dimitieron para no perjudicar a sus respectivos partidos políticos; mientras Blanco hacía oídos sordos a la espinosa cuestión y se mantenía terne en todos sus cargos.

Llama la atención que Blanco, contrariamente a lo que hicieron sus compañeros de denuncia, que actuaron con una diligencia llamativa, guardara un silencio espectacular durante cuatro largas jornadas, antes de abrir la boca en una comparecencia en la que, en una conducta de manual, proclamó su inocencia. ¿Por qué espero cuatro días Blanco para desmentir a Dorribo?  Bueno hay mucha gente que parece tiene respuesta para esta “disfunción”, para este curioso y llamativo retraso.

Los hay, gente probablemente muy mal pensada, que relacionan la ruptura del estruendoso silencio del “honesto” Blanco, conste que lo del honesto se le ocurrió  a Rubalcaba no a mí, con unos extraños robos, que con la misma técnica y en distintos momentos y lugares se llevaron a cabo y que, lo que son las cosas, se limitaron a sustraer la contabilidad de  las empresas del denunciante. Unos robos llevados a cabo con una técnica depurada, extremadamente profesional y que demuestran que los papeles y discos duros en los que se recogían los “números” de las empresas de Dorribo, tendrían una información muy importante y que alguien estaba dispuesto, por la razón que fuera, a evitar que se pudieran consultar.

Bueno pues casualidades de la vida, que como todo el mundo sabe es muy complicada y puñetera, la decisión de Blanco se produce de manera casi inmediata a esos misteriosos robos. ¡Oiga usted! ¿y eso qué tiene  que ver con Blanco y su rueda de prensa? Pues no lo sé Dª María, pero no dude usted que con el tiempo se sabrá quién robó esa documentación. Yo me limito a señalar la coincidencia, así que con su permiso volvamos a la comparecencia. En ella Pepiño se limitó a afirmar reiteradamente que “no había caso, ni lo habrá” aunque reconoció haberse reunido con su denunciante, que le propuso llevara a cabo una serie de gestiones ante la ministra de Sanidad,  que aceptó el encargo, pero que realmente después no hizo nada.

Eso sí afirmó que había dado instrucciones a sus abogados para que interpusieran inmediatamente una querella contra el denunciante, con el fin de que su buen nombre quedara limpio de cualquier sombra de sospecha. Bueno una conducta lógica al fin, dejemos aparte lo de los cuatro días de sepulcral silencio que extraña en una persona tan aficionada a los micrófonos; olvidemos los extraños robos; intentemos no tener presente la cita clandestina en la gasolinera; pasemos por alto las denuncias de la juez que instruye el caso, que afirmó que agentes del CNI la controlaban; tampoco hay que ser demasiado tiquismiquis, al fin y a la postre, tarde y mal, pero Pepiño anunciaba una querella contra su denunciante y  parecía que ese anuncio podía ser un acto que devolviera a la normalidad la extraña, extraña por infrecuente, conducta de Blanco en todo este asunto.

Pero resulta que han pasado los días y Blanco no se ha querellado. Su abogado se ha limitado a dirigir  un escrito a la jueza que lleva el caso, solicitando el acceso al sumario de instrucción con el fin de verificar las afirmaciones relacionadas con el presunto delito de calumnias mediante el levantamiento parcial del secreto sumarial. Así que realmente lo que ha hecho la defensa es intentar averiguar qué diablos conoce del asunto la jueza. Que una cosa es querellarse de frente y otra muy distinta es intentar averiguar hasta donde llega el conocimiento de la juez en esta cuestión.

Se me dirá que es una medida prudente del abogado y yo digo que no vale, que Blanco anunció una querella, que queda como muy macho, pero a la hora de la verdad lo único que intentan él y su defensa es averiguar cuanto sabe la jueza de todo este oscuro y sobre todo feo asunto. A mí me van a perdonar ustedes por la manera de señalar, pero no me parece esta la conducta de alguien que no tema nada de la acción de la Justicia. Prudencia dicen, bueno, a mí me parece más precaución y habrá que preguntarse de qué tiene que precaverse Blanco, si es cierto que como afirma es inocente. Aunque tampoco lo dijo así, lo que dijo es que no había caso ni lo habría, que es sutil pero claramente distinto.

No me vale la excusa de que es necesario para la defensa conocer quién fue exactamente el que llevó a cabo las declaraciones, para así poder presentar la querella correspondiente, porque no es cierto. El delito de calumnia se puede perseguir interponiendo una simple denuncia cuando se dirige contra una Autoridad por hechos cometidos en el ejercicio de su cargo, como sucede en este caso e incluso se puede perseguir de oficio.

Si nada ha habido ni de lejos, que pueda  relacionar al ministro con un cohecho, que es lo que se mantiene desde el PSOE ¿a que viene esa necesidad perentoria de averiguar que sabe, que conoce la jueza? No parece una conducta que se compadezca con la inmaculada honradez de la que presumen Blanco y los socialistas. No se ha querellado y lleva a cabo acciones legales exploratorias para intentar saber cómo está el sumario. No voy a decir lo de blanco y en botella por redundante, pero desde luego si algo tiene plumas blancas, pico amarillo, anda como si tuviera los pies planos y hace cuac cuac, se puede afirmar que sin duda hablamos de un pato.

Que si Rubalcaba une su destino a la apuesta por la  inmaculada honradez de Blanco, será porque todos tienen mucho que callar, pudiera ser cierto pero eso es harina de otro costal y queda para otro día. La situación de Blanco es muy difícil, la propia elección de un súper abogado que debiera pagar Pepiño y no nosotros, que esa es otra, señala la preocupación del ministro.

Que hace bien en preocuparse porque en Madrid, lejos de la maldita gasolinera, asoma las orejitas otro lobo y parece que empiezan a preocupar las “particulares” relaciones de Pepiño con otro empresario gallego que se ha llevado obras de Fomento por más de 500 millones de euros y que parece tiene muchas cosas que decir en la privatización de Barajas.

Así que probablemente sea muy lícito afirmar que la conducta de José Blanco resulta ¿sorprendente?, no, yo diría que sospechosa, lo siento pero es así. Mientras tanto a Pepiño se le acaba el tiempo y le crecen los enanos

Feliz día de la Fiesta Nacional de España, que hoy celebramos.

2 comentarios:

  1. Pues si usted no se querella contra su denunciante por calumnias, es porque su denunciante tiene pruebas de lo que dice y usted lo sabe. No nos engañe más, Pepiño, no nos cuente más cuentos. Feliz día de la Hispanidad para todos.

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  2. Sinceramente, ya no salen ni las palabras...la única que me queda es impotencia e injusticia...
    Saludos desde Madrid

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