miércoles, 5 de octubre de 2011

Por favor ¡qué alguien disuelva el Constitucional ya!

Eugeni Gay, con su voto de calidad consiguió una sentencia increíble

El otro día me decía un amable lector que yo era un paranoico, ustedes dirán que quizás no tan amable. Me explico, lo considero así en su condición de lector, después tras la lectura aparca la amabilidad y me zurra la badana, lo que  me parece normal teniendo en cuenta que se maneja, en el terreno de lo ideológico, bastante mejor con la izquierda que con la diestra. Dicho lo dicho, tengo que reiterarme en lo que contesté a ese lector, le recordé la afirmación que no sé quién hizo exactamente, que decía así “En ocasiones hasta los paranoicos son perseguidos”.

Aunque para estar inquieto y ver asuntos oscuros en cualquier dirección que uno mire, para ver posibles jugadas extrañas llevadas a cabo con mucho sigilo y muy poquita vergüenza, para estar inquieto ante el futuro que desde la izquierda se prepara, para observar que esto se está cayendo a pedazos y uno de los partidos con más representatividad está jugando de manera consciente al “cuanto peor, mejor”, no es necesario ser un paranoico, basta con ser realista.

Y habrá quien, más amable, piense o me diga que soy un pesimista, pero no un pesimista de serie, sino un “pesimista antropológico”. Para los que eso piensen recordarles otra frase con la que estoy de acuerdo al ciento por ciento, una afirmación que sostiene con acierto que “un pesimista no es más que un optimista bien informado”

Y todo esto viene a cuenta de una sentencia de nuestro Tribunal Constitucional, al que parece no le da reparo alguno remangarse las togas y meterse en el charco que haga falta, cuando hay que apoyar las causas que interesan a quien los “colocó” en tan alta magistratura. Resulta que el Tribunal Constitucional de nuestro país, ha decidido revocar una sentencia que condenaba a una representante del comité de empresa de un Ayuntamiento, que en compañía de un representante de UGT, decidieron irrumpir en el despacho de un concejal utilizando la fuerza y desobedeciendo a la policía para imposibilitar que el representante público recibiera a una pareja de ciudadanos e impedirle llevar a cabo su tarea,  por estar convocada una huelga.

Por lo que hicieron, que no les voy a contar aquí con demasiado detalle, fueron condenados  por un juez de lo penal a penas que no comportaban su ingreso en prisión, el fallo que fue confirmado por la Audiencia de Sevilla es ahora revocado por el TC, que en una sentencia que necesitó el voto de calidad del vicepresidente del TC, considera que resulta lícito invadir los despachos de cargos electos y desobedecer de manera reiterada a las fuerzas del orden si todo ello se produce en un “contexto huelguístico”.

La ponente, madre de la sentencia afirma que el ejercicio del derecho a la huelga “actúa como causa excluyente de la antijuridicidad” de la conducta observada por los sindicalistas, lo que desde luego a mí me parece un disparate jurídico de primera magnitud. Porque lo que está meridianamente claro y así lo manifiestan los tres magistrados disconformes con la sentencia en los votos particulares emitidos, digo que la ponente se olvida de que nadie puede ejercitar derechos empleando medios que vulneren la legalidad.

Así que el Tribunal Constitucional, de la mano de los mismos magistrados que permitieron que los etarras de Bildu fueran a las elecciones, ahora defienden, es más sacralizan un derecho inexistente que permitirá, a partir de la fecha, actuar como les venga en gana a los sindicalistas, explicando que el hecho de estar ejerciendo el derecho a la huelga, “excusa la antijuridicidad de sus acciones”.

¡Para qué queremos más! No teníamos bastante con los piquetes organizados por los liberados correspondientes, que siguen utilizando la violencia para impedir asistir al trabajo a los que voluntariamente no desean participar en determinadas huelgas y ahora acabamos de inventar, volvemos a ser el asombro del mundo civilizado, digo que acabamos de inventar el piquete de todos los piquetes, el piquete jurídico  del Tribunal Constitucional.
De toda la vida en los tribunales, en las facultades y escuelas de derecho se ha sostenido que nadie puede utilizar conductas, medios o procedimientos delictivos para defender un derecho, sea este fundamental como es el caso de la huelga o no lo sea. El derecho a la huelga está reconocido como un derecho fundamental, en eso estamos todos de acuerdo, pero nadie en uso de ese derecho puede violentar la voluntad de los trabajadores que decidan no participar y no pueden torcer su voluntad porque  a los que quieren trabajar les asiste el derecho al trabajo, que es tan fundamental como el de huelga.

Ahora se le ha dado a la casta sindical y a sus piquetes una patente de corso para que puedan actuar con la violencia que les parezca, sin que ésta sea castigada. Habrá que preguntarse hasta dónde estarán dispuestos a llegar los ilustres magistrados del TC. Quiero decir que hasta que límite de violencia están dispuestos a considerar que se puede excusar, en uso al derecho a la huelga. Si la huelga es local, ¿será admisible un nivel menor de violencia?, pero si la huelga es general ¿el ejercicio de ese derecho actuará excluyendo la antijuridicidad de conductas más graves? Dónde está el límite y quién lo va a fijar.  Lo que ha hecho el TC es aplicar lo de que el fin justifica los medios y se han quedado tan campantes.

Me parece gravísimo que, ante un panorama en el que los sindicatos “advierten” que irán a la huelga si no se les escucha, un panorama en el que los de UGT y CC.OO avisan que van a colocarse en la oposición apoyando la postura del PSOE y de los partidos de la izquierda, justamente ahora se blinde la utilización de la violencia por parte de los sindicalistas porque el TC considera que el derecho a la huelga actúa como causa excluyente de la antijuridicidad de la conducta observada. ¿Es esa la voluntad? A mí me parece que lo que se acaba de sacralizar es que los sindicalistas puedan actuar impunemente con la violencia que deseen, porque esta sentencia es una carta blanca que justifica lo injustificable.

Desde sus primeros pasos el TC demostró haber nacido para estar al servicio del orden político, los que no estén de acuerdo que recuerden lo de Rumasa, la sentencia del Estatuto catalán, lo de Bildu y ahora esto. Creo que los magistrados no cumplen la tarea para la que han sido nombrados, cuidar que la Constitución se aplique al milímetro en todos los ámbitos de nuestro país. Espero que esto cambie, no podemos seguir viviendo con un poder judicial sumiso al poder político, esto hay que cambiarlo ya, a ver si de una vez  por todas alguien se atreve a ponerle el cascabel al gato.

Mientras, vayan preparándose para unas huelgas en las que la utilización de violencia, miren ustedes lo que son las cosas, estará justificada desde el Tribunal Constitucional que permanecerá firme al servicio de no sé bien que interés, aunque tengo claro que al de la Justicia no, eso está meridianamente claro.

Mientras tanto los españoles sufriremos que los sindicalistas hagan lo que le salga… de los piquetes y que además les resulte gratis.

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