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España, una nación enferma.

06 de diciembre de 1978, los españoles nos dábamos la Constitución
Llevo mucho tiempo diciéndolo, en España sufrimos una crisis económica muy importante, acompañada por la existencia de unos niveles de paro inasumibles, pero eso es pecata minuta si comparamos esos problemas con la terrible crisis moral que nos azota. Poco a poco los españoles hemos ido perdiendo gran parte de la fibra moral que nos permitía ser una nación  capaz de hacer frente a problemas de muy difícil solución.

No estoy hablando de la Reconquista o del Descubrimiento de América. Si echamos la vista atrás, hace unas décadas, no tantas, el pueblo español supo hacer frente a los cambios que demandaba la nación con urgencia. Supimos ser ejemplo de muchos, siendo capaces de comprender que para solucionar nuestro problema hacía falta un manejar un concepto,  que poco a poco ganó protagonismo entre los españoles. Hablo del consenso, que nos permitió, sacrificando muchas cuestiones partidarias, construir un régimen parlamentario, siendo la propia estructura de la Dictadura quien permitió que se produjera el milagro.

Salimos de una Dictadura, nos dimos a nosotros mismos una Constitución, cerramos las fracturas producidas por la Guerra Civil y unos y otros, los de derechas y los de izquierdas, incluyendo en un lugar muy destacado a aquel Partido Comunista de España, acaudillado por Santiago Carrillo -el de las sacas de Paracuellos -  fuimos capaces de ponernos de acuerdo y  redactar una Carta Magna en la que cabíamos todos los españoles.

Luego hubo que hacer frente a la crisis económica, vivimos momentos durísimos en aquella reconversión industrial que tuvo que hacer el PSOE y con muchísimo trabajo y enormes sacrificios el pueblo español fue capaz de crear una nación próspera e incorporarla a Europa, lo que no fue nada fácil  ni desde el punto de vista político, ni del económico. Se exigieron grandes sacrificios y los españoles pechamos con ellos y celebramos nuestra capacidad reconocida por los Estados miembros de la UE, el día que entramos en el euro, con la primera división europea.

Así que no estoy hablando de los ilerdetes o los layetanos, pero como digo hemos ido perdiendo esa fuerza moral y nos hemos convertido en un país que sufre de una enfermedad moral que de no atajarse, acabará con nosotros. Nos hemos acostumbrado a que unos oportunistas disfrazados de servidores públicos nos cantaran en la orejita, dulces canciones de amor, mientras se enriquecían  con el fruto de nuestro trabajo.

Hemos permitido que nos acostumbraran a comulgar con ruedas de molino, nos han enseñado que el fin justifica los medios y lo hemos aceptado como verdad revelada; nos han convencido de que la mentira es una herramienta útil en la contienda política y que por eficaz hay que aceptarla. Nos hemos tragado encantados el cebo, el anzuelo  y el sedal, cuando se nos ha explicado minuciosamente lo malos que son los otros y lo buenos que son los nuestros, aceptando un concepto maniqueo de la sociedad que es absolutamente falso.

Es malo robar y los que lo hacen son ladrones, sean adversarios políticos o compañeros y hay que acabar con la corrupción empezando por la propia, que lo que está mal en los otros, debiera considerarse mucho peor en los propios.

Solo una sociedad enferma, sin referente moral o ético alguno, puede aceptar mansamente lo que está sucediendo ante nuestras narices. Nos enfrentamos a un problema que puede llevarnos a la quiebra económica como nación y tras ella, a la quiebra de la sociedad tal y como la conocemos y aquí seguimos jugando con la gobernabilidad del país, como si lo de “gobierno de salvación” fuera un concepto extraño, escrito en arameo antiguo, que nadie puede comprender y por tanto nadie puede aceptar.

Gente que reniega de la existencia de España como nación, se postulan para gobernarla, todo es posible porque nadie busca satisfacer el interés general, lo único que interesa es tener el poder y con él… todo lo demás. Pocos, muy pocos se escandalizan ante tanto disparate, nos hemos acostumbrado de tal manera que, cuando desde los partidos políticos o desde los sindicatos, que llevan un tiempo callados, abrumados por “lo” suyo, orinan a los ciudadanos, nosotros encantados meneamos la colita y nos alegramos porque llueve.

Francamente podría decir muchas cosas más, pero lo de la entrevista a Otegui en la SER, ha sido la gota que ha colmado mi particular vaso.

¿Hasta dónde vamos a llegar?, yo se lo digo: Hasta donde “ellos” quieran, mientras nosotros, los paganos por cierto, sigamos comulgando con ruedas de molino.

CODA:
Ah y por favor les pido, que no me hablen ahora del PP, del PSOE o de la madre que los parió. Hablo de España y de los españoles, no de otra cosa.

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