martes, 16 de agosto de 2016

Han pasado unos días y a Ciudadanos se le ve el postureo


Tengo un problema con Ciudadanos, me gustaría creer en lo que dicen, pero no me fío un pelo de las buenas intenciones que reparten tan gratuitamente como las sonrisas de su líder y lo peor es que los hechos me dan la razón. Cuando ustedes quieran saber cuándo la gente dedicada a la política va de “roneo” no tienen más que aplicar al caso que les ocupe, la siguiente frase: “Cuando las palabras contradicen a los hechos, hay que quedarse con los hechos.

No hay manera que los naranjitos digan de frente y de una sola vez qué es exactamente lo que quieren y si no lo dicen, si prefieren no explicarse con claridad, si esa transparencia de la que presumen, se convierte en opacidad cuando llega la hora de dar a conocer a la ciudadanía qué diablos es lo que quieren y qué exigen definitivamente, será, digo yo, porque sus intenciones son inconfesables.

Están empeñados en ser el perejil de todas las salsas y para eso les falta organización, categoría, seguidores y sobre todo resultados electorales. Alguien debiera recordar a esa pastosa cúpula de Ciudadanos, trufada de resentidos y rebotados de otras organizaciones políticas, que no se puede estar en la procesión y a la vez repicar campanas. Que eso es lo que pretenden los naranjitos y lo han explicado por esa vía que tanto aprecian, el de la filtración, ya saben ustedes eso tan sobado y manido de las “fuentes generalmente bien informadas”.

La gente de Albert Rivera pretende dar el sí a Rajoy, para que sea investido, aunque a pesar de lo que gallean sus 32 diputados no resuelven el problema, si el PSOE se obstina en decir lo de “no es no”. Pero la idea de los naranjitos es convencer al PSOE, para que Rajoy caiga en la trampa de formar un gobierno que sea incapaz de gobernar. 

En una sola jugada se garantizan unas votaciones allá por mayo del 2017, pero mantienen inmaculada, su virginal túnica regeneracionista porque dirán haber sido los que más han luchado por conseguir una investidura, que si pare un gobierno incapaz de gobernar, no sirve para nada, como para nada sirvió el pacto con Sánchez, que los naranjitos dirán lo que quieran, pero no hacen más que protagonizar fracasos.

Dicen muy serios que ellos no se van a pringar gobernando con Rajoy, al que pretenden dejar con sus 137 diputados, porque, ojo que es de infarto, están convencidos del importantísimo papel que jugarán en la oposición a ese gobierno al que habrán votado sí en la Investidura y con los votos naranjitos, los del PSOE y Podemos, podrán sacar adelante muchas iniciativas, quieran o no los populares. 

Así que todas estas monerías de sacrificarse por el bien de España o su sentido de Estado, es un cuento como la copa de un pino. Siguen queriendo cargarse a Rajoy y como lo del veto directo no funcionaba, porque la gente estaba hasta los pelos del veto modelo Guadiana, que unos días aparecía y otros desaparecía, se acaban de inventar el “veto indirecto”, total ya inventaron la “abstención técnica”, así que ya puestos, pues a inventar a calzón quitado y a explicarlo con esa verborrea de la que hacen gala una y otra vez.

No van a entrar en un gobierno con Rajoy, lo dice bien claro J. Manuel Villegas, vicesecretario general de Ciudadanos: “Estamos dispuestos a un gobierno de coalición con otros liderazgos, no con liderazgos continuistas sino de regeneración y modernización. Eso no se ha producido. El candidato que se presenta a la investidura es continuista. Ciudadanos no va a entrar en ese Gobierno”.

Vamos lo del no a Rajoy pero tuneado. Van a pelear para que un gobierno sea investido, pero no van a participar en él porque ese gobierno pringa, ensucia la inmaculada sensibilidad regeneracionista de los naranjitos. Si realmente piensan eso ¿por qué apoyan la Investidura de Rajoy?, simple y llanamente porque saben que ir a nuevas elecciones los iba a destrozar. Es mucho mejor investir un gobierno que no pueda gobernar, porque para evitarlo estarán los votos de Ciudadanos, PSOE y ¡Podemos!, para aprobar en el Parlamento muchas iniciativas, quieran o no quieran los del PP, lo dicen ellos que conste.

Siempre he dicho que somos un país con una facundia y una imaginación desatada, pero lo de Rivera y sus cuates es para nota alta, de hecho sería para reírse si no estuviéramos viviendo una situación tan difícil. Albert Rivera, con la colaboración de sus compañeros, acaba de inventar el gobierno de la oposición. Pretenden gobernar desde la oposición y así obligar al ejecutivo investido con sus votos a disolver Cortes y vuelta la burra al trigo, enfrentarnos a unas nuevas elecciones, eso sí pudiendo echarle la culpa al Partido Popular de todo lo malo que haya sucedido.

¡Hay que ver lo que da de sí el postureo! Vivir para ver.


1 comentario:

  1. Miguel, de verdad que no consigo entender la postura de este hombre, espero que si vuelven haber elecciones quienes le han votado se aclaren, yo no lo entiendo

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