viernes, 17 de junio de 2011

En cambio los Botín están encantados…

Zapatero y Emilio Botín, el lenguaje no verbal lo dice todo.

En este mundo traidor es bien sabido que nunca llueve a gusto de todos, creo que a nadie se le escapa el alto nivel de crispación que sufrimos todos, o por mejor decir, casi todos los que componemos esta sociedad. La inmensa mayoría de españoles está indignada ante lo que nos está tocando vivir.

Viven entre nosotros los “indignados” oficiales, ese movimiento que anda expresando su descontento por las calles y plazas de nuestras ciudades y aquí estamos también el resto de ciudadanos, los que no participando de los modos y maneras de producirse de los del 15 M, sí estamos de acuerdo en que esto hay que cambiarlo, mejor ayer que hoy y que pensamos que de no ponernos a esa tarea de manera urgente, corremos un serio riesgo como sociedad y consecuentemente como individuos.

Pero también hay gente, poca, poquísima, que está encantada. Entre esos seres excepcionales, cabe destacar de manera muy especial a la familia Botín, que vuelve a las primeras páginas de los periódicos. Los Botín, una familia de banqueros, llevan muchísimo tiempo protagonizando un papel muy importante en nuestra sociedad. Se me dirá que eso es consubstancial con su profesión, y esa reflexión es cierta, pero creo que es público y notorio que la labor de Botín excede el papel que le corresponde por su “oficio” y que ha intervenido de manera decisiva en la política española.

Emilio Botín ha sido el amigo de la corbata roja de Zapatero, hace bien poco tiempo emprendió una campaña ante el poder financiero para que éste apoyara la continuidad del Presidente. Cabe señalar que ha sido el interlocutor entre Moncloa (ZP) y ese oscuro conjunto de empresas, dinero e intereses que conocemos como el poder financiero, Botín ha utilizado su poder para servir al interés político y naturalmente beneficiarse de esa labor.

También hay que señalar que ha huido siempre, como lo hace el gato del agua fría, de cualquier intencionalidad, de cualquier gesto, que pudiera confundir a la sociedad. Emilio Botín ha estado siempre y ha procurado que esta percepción estuviera como el antiguo NODO, al alcance de todos los españoles, al servicio del interés político antes que del interés general. Y lo señalo porque hay que recordar que la banca debiera tener una finalidad social, teniendo en cuenta la importancia que tiene su existencia para la sociedad en la que está inscrita y de la que, no lo olvidemos, extrae sus inmensos beneficios.

Bien, a lo que vamos. Hace ya tiempo la Agencia Tributaria descubrió que en una entidad suiza, el HSBC para ser precisos, existían una serie de depósitos pertenecientes a ciudadanos españoles que ascendían a unos 6.000 millones de euros y que permanecían fuera del control de las autoridades españolas en lo que se refiere a la fiscalidad, vamos que no habían pagado ni un céntimo de impuestos desde tiempo inmemorial.

El conocimiento del asunto llega a través de una delación y la Agencia Tributaria ofrece un acuerdo a los “pillados” La Agencia les propone que hagan unas declaraciones complementarias, con las que evitarían ser acusados ante los tribunales del presunto delito fiscal que podrían haber cometido.

Dicho y hecho, los afortunados poseedores de esos 6.000 millones de euros, opacos hasta el momento para Hacienda, realizaron las complementarias y el resultado fue que, excepción hecha de aquellos que denunciamos en su momento, el trato de favor recibido, el resto se quedaron tan tranquilos. Porque habría que saber cuál fue el motivo por el que la Agencia Tributaria, con los datos en su poder, no llevó a estos ciudadanos de cabeza ante los tribunales acusados de delito fiscal, mientras les hacía una paralela y todos tan tranquilos.

Así que, recibieron un trato de favor y si les han hecho a ustedes alguna paralela en su vida, ya sabe de qué les hablo. La Fiscalía Anticorrupción reclamaba concretamente a los Botín, que se contaban entre los pillados, los impuestos correspondientes a tres ejercicios (2005-2007) y el IRPF de los últimos cinco años, correspondientes a los 2.000 millones de euros que presuntamente mantenían en el banco suizo y a sus plusvalías, toda la deuda fiscal anterior a esa reclamación había prescrito, la habíamos perdido. Ahora la Agencia, que no se ha dado por satisfecha por las declaraciones complementarias realizadas por los Botín, los lleva a los tribunales.

Está muy claro que pesa mucho más en la decisión de llevar a cabo la denuncia, la cuestión cosmética que la de hacer justicia. La Audiencia Nacional no tiene suficientes mimbres como para hacer el cesto que le correspondería manufacturar. Nos encontramos con un acto de la Administración - la denuncia - que pretende evitar la prescripción de un presunto delito fiscal, pero la Agencia Tributaria no puede aportar, al menos por ahora, los datos suficientes para que la acción del tribunal pueda prosperar. Resulta fácil suponer que el asunto va a tener un recorrido más que corto, mínimo, en la Audiencia Nacional.

Aunque está claro, que existiendo la urgencia, toda vez que el día treinta del presente mes el presunto delito iba de cabeza al limbo de la prescripción, el hecho de que se haga pública la denuncia justo el día anterior a la Junta General de Accionistas del Santander, hace pensar que existen otras intenciones en la denuncia que la de hacer justicia.

Es posible que como sostienen algunos, el motivo de la acción de la Agencia Tributaria pudiera estar en el mensaje que desde el gobierno se está mandando desde hace unos días a la sociedad. “La banca es culpable”, lo han dicho recientemente algunos ministros y el propio Felipe González. Toca ahora, en la era Rubalcaba, dar un mensaje de giro a la izquierda y conviene denostar públicamente a la banca en general y a Botín, el banquero de cámara de ZP, en particular.

Pero les aseguro que Botín y su familia están encantados, saben que la denuncia no va a prosperar en la Audiencia Nacional, saben que el paripé durará mientras le sea de interés al ruido mediático y al interés político, después desaparecerá tranquilamente por falta de pruebas. No es mal negocio mantener un patrimonio de 2.000 millones de euros en una banca suiza desde el año 1936, no pagar impuestos por ese “capitalazo” y cuando son descubiertos, librarse de cualquier responsabilidad pagando 200 millones, que es lo que finalmente han ingresado las arcas del Estado.

Nunca llueve a gusto de todos, pero a veces el disgusto o el gusto por la lluvia pasa de la percepción subjetiva, que denuncia el refrán, al escándalo objetivo que supone este asunto y el tratamiento recibido por los infractores por parte de los servicios de la Agencia Tributaria, los “botines” y los demás. El Estado no ha puesto lo que tenía que poner en la resolución de este problema, se ha beneficiado claramente a los propietarios de los miles de millones de euros, ocultos al fisco español durante tantos años.

Por eso mantengo que, pese a todo, los Botín están encantados… Que no nos engañen.

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