domingo, 5 de junio de 2011

¿No es posible gobernar en minoría en el Cabildo de Fuerteventura?

Con esto de comentar tantas veces los pactos postelectorales, las distintas posibilidades, las certidumbres que uno tiene sobre el asunto, el mal sabor de boca que produce la seguridad de que el pacto que se firmará no favorece a la mayoría, ver a los que nos van administrar, tras el reglamentario contubernio, los próximos cuatro años si Dios no lo remedia, supongo que fue por eso, se me vino una idea a la cabeza.

Una idea de esas que irrumpe poderosa y sorprendente, en el momento más inesperado, pero que te obliga reflexionar. Estaba yo leyendo tranquilamente una novela de RJ. Ellory, un británico que se dedica al difícil oficio de la escritura y que cultiva con acierto, es una opinión, el género negro, cuando sonó el teléfono. Atendí la llamada, era alguien que preguntaba por mi mujer, no estaba en casa y tras despedirme amablemente, cuando me disponía a “colgar” el teléfono, acudió a mi mente el pensamiento de marras ¿Cuál es el motivo por el que en el Cabildo Insular de Fuerteventura nadie, que yo recuerde, haya intentado gobernar en minoría?

Todavía con el inalámbrico en la mano, repasé hasta donde la memoria me lo permitía y no recuerdo que en nuestro Cabildo, en el que no resulta nada fácil conseguir la mayoría absoluta, haya habido quién gobernara en minoría. Pese a la dificultad de conseguir esa mayoría en las urnas no existe la costumbre de intentar gobernar con el apoyo puntual de otras fuerzas.

Y uno no puede menos que preguntarse, cómo es que las distintas fuerzas políticas que han tenido esa oportunidad, no la han aprovechado. Se me dirá que gobernar en minoría exige un esfuerzo muy importante para conseguir aunar voluntades de modo y manera que, en cada uno de los casos importantes, sea posible conseguir la mayoría necesaria en el pleno correspondiente.

Tengo que decir que esa afirmación es absolutamente falsa, a no ser que entendamos y aceptemos que en la Isla, las distintas fuerzas políticas que se presentan a las elecciones pidiendo el voto y prometiendo su dedicación para conseguir lo mejor para el interés general de Fuerteventura, mienten como bellacos y que sabemos positivamente que van a lo suyo y que la protección de los ciudadanos y sus derechos se las trae al fresco y por lo tanto votarán en contra, de manera automática, de todo aquello que proponga el grupo de gobierno.

Cuando un político, tras comprobar que no ha conseguido la mayoría necesaria, decide de manera automática, como si estuviera escrito en el manual que hay que pactar al precio que sea, con quien sea, con pactos tantas veces sorprendentes, cuando no antinaturales, casi siempre mal recibidos por los votantes y no le importa, habrá que pensar que los partidos tienen asumido que la única finalidad de los pactos es asegurar el cheque en blanco, que permita gobernar con total comodidad pero también con absoluta impunidad, a lo largo de la legislatura.

La mejor cultura del pacto, del acuerdo, del consenso, me parece que exige que esta virtud, esta voluntad de conciliación de voluntades permanezca viva en el seno del pleno de las corporaciones. El pacto tal y como lo enfrentamos en Fuerteventura es una coyunda de voluntades destinadas a satisfacer el interés particular de los distintos consejeros que lo firman - que se aseguran cuatro años de sopa boba - y del interés partidista de las organizaciones políticas a las que representan en la Institución, que mientras negocian están calculando ya, cuantos paniaguados podrán “colocar” en la institución correspondiente.

No hay otra explicación, al igual que el amor no es una fotografía fija, no es un momento, un relámpago que convenientemente fijado en un documento, se guarda a lo largo de la vida, sino que por el contrario es un elemento vivo que se construye día a día, minuto a minuto, la voluntad de pactar, poniendo por delante el interés general a cualquier otra consideración, se consigue mantenerla viva y en marcha a través de los distintos acuerdos conseguidos a lo largo de la legislatura.

Claro que eso obliga a gobernar de una manera mucho más transparente, reflexiva, abierta, con proyectos claros para que puedan ser apoyados por la oposición. Claro que gobernando en minoría no se puede uno dedicar a llevar a cabo la política clientelar tan cara a nuestros políticos. Claro que gobernando en minoría el departamento de personal no se puede transformar en el banderín de enganche del partido o en la oficina de apoyo logístico de los correligionarios.

Claro que hay que escuchar e incluso poner en marcha proyectos de la oposición, que resulta que también tiene ideas. Claro que en minoría uno no es el amo del cortijo, sino el servidor público que han escogido los ciudadanos para que administre los medios adecuadamente al objeto de conseguir la máxima rentabilidad y para que cuide por encima del todo del interés general de la Isla.

Claro que gobernando en minoría, hay que tratar los asuntos con los distintos grupos, que también representan a los ciudadanos, que hay que hablar, negociar, adoptar posiciones flexibles, escuchar, ceder, aproximar, priorizar; pero les aseguro que eso no es malo sino todo lo contrario, y sobre todo, gobernar en minoría obliga a una política de comunicación absolutamente transparente, los ciudadanos deben conocer todo, de todo.

Y como no es cierto que la oposición esté compuesta por seres demoníacos, cuyo único empeño sea arrastrar a Fuerteventura a lo más profundo del averno, estoy convencido que los asuntos del día a día, que pasan sin pena ni gloria por el Pleno, se seguirán aprobando y los asuntos importantes recibirán un baño de transparencia, diálogo y colaboración que los harán mucho más aceptables y digeribles para la ciudadanía.

Entonces ¿por qué no se gobierna en minoría en el Cabildo de Fuerteventura?, yo tengo mi opinión, ustedes supongo que también y si no “habían caído” en el asunto, mediten sobre cuáles son las causas por las que esta opción está descartada de antemano, en una Institución, que sorprendentemente, da por ley la Presidencia, a la fuerza más votada.

Les garantizo que la reflexión les va a resultar extremadamente clarificadora.

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