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El joven que no amaba a los jamones

Hoy voy a tratar un asunto, a pesar de que me había jurado a mí mismo no comentarlo. Pero no hay que evitar asuntos porque su comentario pueda resultar delicado y sirva para que algunos -de los muchos aficionados a lo “políticamente correcto” que en el mundo son-, puedan aprovechar que el Ebro no pasa por Talavera, para atacar al que esto suscribe por xenofobia, racismo o lo que sea.

La noticia saltó a los medios, la madre de un alumno de religión musulmana, había denunciado, ante la Fiscalía, a uno de los profesores de su hijo por racismo. El profesor le había dicho al niño: “vete a tu país”. Sucedió en un instituto de la Línea de la Concepción. Que por cierto, ya no se sí se llama así o se ha quedado en la Línea, monda y lironda, así que me van a perdonar.

Parece que lo que está claro y no sujeto a discusión, es que el profesor andaba explicando a sus 30 alumnos que el clima de las sierras andaluzas (no sé, si se refirió a una concreta) por su temperatura y su bajo nivel de humedad eran ideales para curar el jamón. En ese momento, uno de los angelitos, interrumpió al profesor, para pedir que no se hablara de los productos del cerdo en su presencia.

Bien, estos son los antecedentes y aquí empiezan a divergir. La madre y su hijo manifiestan que la solicitud se hizo con una cortesía, rayana en lo versallesco. El profesor, según su versión, contestó con una formalidad y una lógica escalonada en la explicación que, francamente hace dudar de su estricta veracidad. Niega haberle dicho al mozo, que se fuera a su país y arguye que le explicó que la religión de sus alumnos no era un tema de consideración para el aprendizaje. Que era él el que tenía que acomodarse a los 29 alumnos restantes y no al revés y que siempre le cabía la posibilidad de irse a otro instituto, si allí, no se encontraba cómodo.

Yo la escena la veo distinta. Me imagino al profesor explicando lo del clima de las sierras andaluzas y a su mente ocupada en la contemplación extasiada de un maravilloso jamón de Jabugo; cuando sería interrumpido con una frase parecida a esta: Profe, delante “mío” usted no tiene que hablar del cerdo. Me imagino al profesor, haciendo alto en su explicación molesto y sobresaltado, dirigiéndose al alumno y explicándole: Mira chaval aquí nos gusta el jamón, la clase la llevo yo y esto son lentejas colega…., etc., etc.

Bien nada del otro mundo, hasta que la madre - madre no hay más que una- se pone como una pantera y se va para la Fiscalía, con unas intenciones que nada tienen que ver con la tolerancia que exige. La madre acepta la versión de su hijo. Yo no digo que mi hijo sea un santo, pero mi hijo no miente; de lo que se infiere que los que mienten son el profesor y los veintinueve compañeros de su hijo, que niegan, parece ser, su versión.

En una entrevista que se hacía a la señora, me sorprendió ver a su lado un árbol de Navidad. Deduje que no se encontraba en su domicilio, pues no entendía como una familia de estricta observancia musulmana, como cabía suponer de la reacción de su hijo, celebrara la Navidad.

Hoy se han despejado mis dudas, he podido ver una entrevista que le hacían a la señora y en ella, manifestaba que en su casa se celebra la Navidad y la fiesta de Reyes; proponiéndose como ejemplo de integración. No se compadece esta asimilación cultural y hasta religiosa, con lo del jamón.

Aquí no existe otra víctima que el joven. Lo que había sucedido en el aula -la Fiscalía ha decidido archivar la denuncia- se ha magnificado y eso lo va a sufrir en exclusiva, el chico; al que los padres están convirtiendo en carne de radical.

No faltará quiénes se acerquen al muchacho con la “sana” intención de utilizarlo como símbolo. Claro que cuando el chaval se convierta en un estricto cumplidor de la religión musulmana, tendrá que abominar de sus padres, musulmanes que celebran fiestas cristianas.

No se entiende gran cosa de este asunto, pero quizás debiéramos trabajar todos en un único sentido. La aplicación del sentido común. La madre disparata y se extraña de que el profesor no haya hablado con ella y se haya ido a “los periódicos”. Cuando ella lo ha denunciado directamente, sin hablar con él y las manifestaciones las hace a una televisión nacional. Por tanto, parece acreditado que es aficionada a utilizar las célebres dos varas de medir.

Bien está la tolerancia, pero que quede claro que son, los que aquí llegan, los que deben asimilarse a nuestras leyes, cultura y costumbres y no al revés. No se debe molestar y mucho menos discriminar a nadie en razón de sus creencias y costumbres, pero esta es una vía de doble dirección. Ese derecho también lo tenemos los ciudadanos españoles.

Y, por cierto, que alguien me explique porque ningún país de religión musulmana ha suscrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no creo que sea algo que tenga que ver con la religión o las creencias. Quizás si ellos empiezan a reconocer los derechos de los demás, en ese camino, puedan pedir comprensión para sus “especificidades”

Desde la intolerancia y la posesión de la verdad absoluta, no se puede exigir comprensión y tolerancia.

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