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Reitero: ¡Pelillos a la mar!


Ayer escribía en este blog una nota que titulaba ¡Pelillos a la mar! Como es lógico sabía que iba a disgustar a algunos. No hace falta poseer el don de la profecía, para intuir las críticas que iba a suscitar el texto.

Ayer mismo recibía un e-mail firmado por un ciudadano al que lamentablemente no consigo situar. En el mensaje me comentaba su opinión sobre lo que ayer pudieron leer ustedes. Agradecerle en primer lugar el favor que me hace, siguiendo lo que publico. Acepto la crítica, pero tengo que salir al paso de alguna afirmación de mi corresponsal, que me parece lo bastante importante como para justificar una réplica.

Ayer como hoy, creo que lo de la ley del mar canario, o la ley de aguas canarias, o como sea que se llame ese proyecto legislativo, no es otra cosa que una maniobra propagandística, carente de contenido real y que no aporta nada al interés general de la autonomía y mucho menos al interés de los ciudadanos que aquí vivimos y pagamos nuestros impuestos.

Dicho lo dicho y fijada mi posición, sí quiero subrayar que ayer me limité a colocar, en el orden que me pareció oportuno, una serie de declaraciones sobre ese tema. Unas a favor: Claudina Morales y Fernando Ríos (CC), fueron los que aparecieron citados literalmente. Ambos nos prometían las delicias del paraíso, gracias al denodado trabajo nacionalista.

Por otro lado, la voz de Guillermo Mariscal (PPC) era recogida, para que todos ustedes supieran que lo mantenido por los nacionalistas era frontalmente rechazado por el diputado popular. Incluso me hacía eco de la contestación que, entendía yo, harían los nacionalistas, al objeto de descalificar las críticas de los de Soria y creo que acerté, porque eso y no otra cosa es lo que me decía, mi corresponsal, en su mensaje; al que desde ya, le anticipo no voy a identificar.

Hasta aquí, sin novedad digna de mención, como dijo el capitán del Titanic después de su hundimiento. Pero no puedo aceptar un juicio de valor incluido en la segunda parte de ese correo electrónico. Me decía, el abajo firmante, que yo engañaba sistemáticamente a mis espectadores (sic), supongo se refería a mis lectores. Y mi conducta se debía a mi odio patológico al nacionalismo.

No engaño a nadie, menos en este caso. Creo que tendrán ustedes presente que prácticamente me limité a recoger una serie de manifestaciones, que ya he descrito, a las que añadí las de Alfredo Pérez Rubalcaba, que por ser parte del asunto, entendía podía tener cierta presunción de veracidad. Y, desgraciadamente, lo que dijo Rubalcaba sobre esta ley, dejaba claro que el presente proyecto no era más que una maniobra propagandística.

Por tanto no he engañado a nadie, me parece deleznable el proyecto, no aporta nada, se hace para vestir, maquillar, adornar un “Pacto Histórico” vacío de contenido real y que necesita muchas luces y decorados para poderlo presentar en público. Así lo decía ayer y así lo digo hoy, esto es una opinión, por tanto la veracidad o la falsedad nada tienen que ver con ella.

Para apoyar mi opinión, utilicé un recurso, viejo casi como la vida misma, me acogí a la “auctoritas” de las personas cuyas declaraciones recogía y analizaba. Y señalé las abundantes contradicciones que se recogían en las afirmaciones de los nacionalistas citados.

Hoy vuelven a la carga, de una parte la incansable Claudina Morales, afirma que con esta ley, Canarias amplía cinco veces su territorio; de lo que deduce experimentaremos una mejor financiación autonómica. Para que no quedara ninguna duda afirmó la Presidenta de CC: “Canarias pasa a ser mar y tierra”.

Frente a estas apreciaciones, se encuentra Román Rodríguez que contundente, afirma: Ninguno de los tres supuestos logros de los que habla Paulino Rivero, son verdad. Porque el texto que se ha aprobado no tiene ningún efecto jurídico. Y continúa diciendo: No es verdad que Canarias aumente su superficie de 7.477 a 50.000 kilómetros cuadrados, ni esto va a suponer un incremento de los ingresos del Archipiélago por la financiación autonómica, ni van a desaparecer los pasillos de aguas internacionales que existen entre las islas.

Y pensará algún lector que estamos como ayer: Unos que sí y otros que no, lo que es cierto. Es más, de eso mismo me quejaba yo ayer; pero me van a reconocer que de las afirmaciones nacionalistas se desprende un inconfundible aroma a “humo”.

Decía Fernando Ríos que ya éramos archipiélago, me limité a recoger lo que dice el artículo 2 del Estatuto de Canarias sobre el tema y es el propio Estatuto de Canarias, el que deja la afirmación de Ríos a los pies de los caballos. Por si existe duda alguna, aporto lo que dice el DRAE de la voz archipiélago: “Conjunto, generalmente numeroso, de islas agrupadas en una superficie más o menos extensa de mar”. Por tanto antes lo éramos y ahora lo seguimos siendo.

En las afirmaciones de Claudina Morales y Fernando Ríos se observa que o no saben lo que dicen o que estaban en la política tarea de “vendernos la moto”. Pero vamos a dejarnos de tanta auctoritas, una figura del viejo Derecho Romano, que nos queda algo lejano y centremos el tema desde el prisma del sentido común ¿qué es el menos común de los sentidos?, pues sí en muchas ocasiones, pero verán que en este caso ayuda.

Ustedes pueden creer que si este festival de mares, kilómetros cuadrados, transmutaciones milagrosas de islas que pasan a ser archipiélagos, aumento de la financiación autonómica, etc., etc., tuviera alguna virtualidad real. Para que se entienda clarito; si esta ley sirviera para algo ¿no estaríamos en estos momentos peleando para que se nos diera lo que, de ser útil el presente proyecto legislativo, tendrían hace tiempo las Baleares?

Así que, sin trampa ni cartón, leyendo con atención lo que dicen sobre el asunto nuestros políticos y utilizando el sentido común, me reitero: ¡Pelillos a la mar!, la canaria a ser posible, naturalmente.



































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