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Demócratas fijos discontinuos


Enric Sopena, paradigma del demócatra fijo discontinuo

¿Qué significa la frase del título?, se lo cuento en un pispás. En este país existen bastantes ciudadanos que se reputan como demócratas de toda la vida y que afirman que su amor por la libertad nadie puede superar, cuando lo cierto es que sólo saben navegar a favor del viento. Sólo son demócratas cuando les conviene, de ahí, lo de fijos discontinuos, una modalidad laboral que resulta aplicable a estos pazguatos, que desde una supuesta superioridad moral, deciden lo que es justo, verdadero y democrático. Si opinas como ellos, eres un demócrata progresista, si no, eres un fascista asqueroso.

Viene esto a cuento por dos sucesos muy distintos. Por una parte, tuve la oportunidad de leer las declaraciones de Enric Sopena, el único periodista que dirige un oxímoron digital, me refiero a “El Plural”, ¡qué hay que tener narices para titular así al bodrio que dirige “Mosén” Sopena! Un hombre de los que tienen la suerte de que su pensamiento evolucione en el mismo sentido que lo hace, el del poder en ejercicio. Que no me dirán que no es tener suerte, con lo incómodo que puede resultar, que uno se ponga a evolucionar y evolucionando, evolucionando te dé por terminar pensando lo contrario del poder.

Pero bueno, los hay con suerte, como es el caso de Enric Sopena que desde el Opus Dei ha pasado a la izquierda más combativa, bueno a la izquierda, izquierda, no; para que nos vamos a engañar, está entre los periodistas más combativos en favor de Zapatero, que entre eso y la izquierda, la verdad es que hay un mundo.

Mosén Sopena, un hombre que seguro se cree el paradigma moral de lo democrático y que no admitiría que nadie le dijera que no ama a la libertad, lleva unos días pidiendo que se amordace a los medios que disienten. Ya había pedido castigo para los que se atreven a atacar a su amado Zapatero, pero ahora ha dado un paso más, pide que se cree un órgano que cierre a aquellos medios que opinan en contrario a su admiradísimo gobierno. Vamos, que apuesta por la censura, porque lo del órgano de control, se ponga como se ponga, es censura pura y dura.

Que un tipo que se dice demócrata, supuesto profesional de los medios de comunicación pida que la “autoridad competente” cierre medios, es una barbaridad como la copa de un pino y la confirmación de que Enric Sopena si es paradigma de algo, lo es de ese penoso título; Mosén Sopena es un brillante ejemplo de lo que es un “demócrata fijo discontinuo”, recaba para sí toda la libertad, pero no soporta su uso en boca de quién piense distinto de él.

Esto referido a un periodista, que por lo que se ve sólo sabe escribir al dictado y abomina de quién en uso de la libertad de expresión, nos permitimos disentir. Ahora quiero comentar la conducta de estos ciudadanos, jóvenes, se supone que formados y que viven en esa figura nebulosa de la izquierda progresista, que en las redes sociales, se emplean con un entusiasmo digno de mejor causa, a ejercer de inquisidores. Y lo hacen con una penosa falta de argumentos. Hijos intelectuales de la propaganda, oficial, naturalmente y de los dictados de la agitprop psocialista, hablan ex cátedra y con una superioridad moral que repugna.

Por poner un ejemplo, todos ustedes conocerán lo del Asador Guadalmina cuyo propietario se ha negado a cumplir con la Ley antitabaco, por lo que la Junta de Andalucía, con una sorprendente eficacia y rapidez, le ha calzado 124.000 euros de multa y le ha cerrado el local, en el que se incumplía lo dispuesto por esa ley que prohíbe fumar en los lugares públicos.

Bueno pues ya está, porque tampoco creo que fuera como para fusilarlo al amanecer y sin dejarle fumar su último cigarrillo, para que aprenda quién es el que manda aquí. Es cierto que sobre la ley se puede opinar, pero también es cierto que hay que cumplirla. Bien, pues en las redes sociales se ha criminalizado al ciudadano de marras y se le ha maltratado sin medida, insultos, descalificaciones, propuestas de castigos más importantes. Todo era poco para una pandilla de intolerantes, que por cierto se han pasado la vida pidiendo tolerancia para sus asuntos.

Que un partido como el PSOE que apoyó el derecho a la objeción de conciencia cuando lo del servicio militar obligatorio y además promovió y apoyó a los insumisos a la ley establecida, no sea capaz ahora, de aceptar que haya gente que objete la Ley Antitabaco y que este ciudadano de Marbella les haya salido insumiso, dice muy poco de su verdadero amor por la libertad.

De la pandilla de las redes sociales, que saltan como ya hubieran querido, los inquisidores en sus tiempos contra cualquiera que se atreva a disentir, nada voy a decir. Mi compasión para todos aquellos que insultan y descalifican a los que osan disentir del “pensamiento único” que intentan imponer.

Vivimos en el mundo ideal para los demócratas fijos discontinuos, un conjunto de individuos que están encantados de haberse conocido y que no sospechan que no tienen idea de los que es la democracia. Una forma de gobierno, desde luego, pero también una manera de pensar y vivir, en la que, los que no están dispuestos a pelear por la libertad, la propia y la ajena, no tienen cabida.





















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