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Resulta imperativo, tenemos que recortar la Administración Pública

Esta semana la Merkel se dio un garbeo por Madrid y en compañía de seis de sus ministros examinaron las cositas de la economía española. En privado, leyeron la cartilla a Zapatero, le tiraron de las orejas a la Salgado, y tras advertirle de la ineludible obligación que tenía de hacer los deberes que le dejaba encargados, manifestaron a los medios, una versión edulcorada del examen y su resultado. Unas declaraciones que le permitieron sacar pecho a ZP, hasta que nuestro presidente leyó la prensa del día siguiente, donde la crítica a su gestión campeaba por encima de los mustios piropos merkelianos.

Así que seguimos mal ¿tirando a peor?, no, pero a mejor tampoco. La mala situación permanece estable, los datos del paro son desastrosos, batiendo todos los récords negativos de la historia y sin capacidad de reacción por parte de nuestro gobierno. Y claro, uno no puede menos que preguntarse a qué diablos esperamos para empezar a recortar gastos, pero en vez de hacerlo a costa de los bolsillos de los ciudadanos (recorte de sueldos, congelación de pensiones, reducción de ayudas, subidas de impuestos), por una vez podría, debería, hacerse reduciendo el tamaño de una administración hipertrofiada, que está acabando con nuestra economía.

No han faltado los que, como un servidor, hayamos pedido un recorte drástico en el número de municipios; afrontamos unos lujos que ni siquiera en tiempos de bonanza económica podemos permitirnos. A esta reducción naturalmente habría que añadir un recorte en la Administración General del Estado, donde sobra gente, mucha gente. Existen ministerios cuya existencia no está justificada, añadan las empresas públicas en las que pululan los amigos, parientes y correligionarios del partido que ejerza el poder, sin olvidar a los asesores y personal de confianza que deberían ser la excepción y no la norma, y convendrán que hay que meterle urgentemente la tijera a este conjunto de situaciones indeseables.

Oiga ¿y las Comunidades Autónomas?, pues desde mi punto de vista un lujo, que tal como funciona nuestra economía en estos momentos, no podemos pagar. Decía Aznar, por resumir draconianamente sus declaraciones, que no podemos permitirnos diecisiete mini estados. Es este país, cainita por definición, bastó que Aznar abriera la boca para que se le echaran encima. Ya, y ahora nos dirá usted aquello de que “la verdad lo es, la diga Agamenón o su porquero”. No yo lo que diré es que lo ha dicho usted y que tiene muchísima razón.

Ahora rompe una lanza, por la urgente reconversión de las CC AA, la revista Temas para el debate, una publicación que dirige Alfonso Guerra y en la que se puede leer un trabajo del economista Manuel Muela, en el que se afirma que: "Las comunidades autónomas se han convertido en la práctica en contrapoderes estatales con vicios agudos de clientelismo y con escaso sentido de la solidaridad", por culpa del ejercicio "vanidoso y viciado" que han hecho de ellas sus máximos representantes.

Ítem más, continúa afirmando que ni el más ilustre gobierno sería capaz de sacar adelante este laberinto organizado por las comunidades y propone que “Se apruebe una Ley Orgánica que permita recuperar para el poder central la mayoría de las competencias transferidas, suspendiendo los organismos e instituciones autonómicas que las ejercen en la actualidad”.

Así de claro. Naturalmente los del PSOE más próximos a ZP, se han apresurado a negar la mayor, presentando el modelo autonómico, como un modelo de éxito que ha contribuido al desarrollo económico, el bienestar y la cohesión territorial.

Bueno creo que no hace falta más que echarle un vistazo al montante de la deuda autonómica, creada por los distintos gobiernos autonómicos que han pretendido competir con el Estado, ya sea con las televisiones autonómicas, policías varias, “embajadas”, oficinas comerciales y un largo etcétera de disparates. Sumen a este desastre la paupérrima eficacia de las acciones autonómicas en campos tan importantes como la sanidad, educación, medio ambiente o comercio y convendrán conmigo que el panorama resulta desolador.

Lo he dicho más de una vez, más nos vale hacerlo ahora por las buenas,y voluntariamente. Si no lo hacemos así, será la CE la que nos obligue y no nos va a gustar nada. Se impone hacer un ejercicio de realismo y ajustar, mejor hoy que mañana, el tamaño de la administración española a nuestras posibilidades económicas. No hay otra.

















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