jueves, 3 de febrero de 2011

La ley del embudo. En Canarias, la del fonil

El embudo, fonil en Canarias, protagonista del comentario
Resulta muy doloroso constatar, que la única ley que respetan a conciencia nuestros representantes políticos, sean del color que sean, es la Ley del Embudo que, en Canarias se conoce como la Ley del Fonil y el codicilo que acompaña de manera inseparable a esa ley en todo el territorio nacional, el “Y tú más”.

No es mi intención circunscribir esa deleznable práctica a unos u otros, me apoyo en una noticia que hoy me proporciona la prensa, y que me viene como anillo al dedo para comentar esa Ley que, esplendorosa, guía los pasos de nuestros representantes electos. Que la anécdota que se comenta en la noticia, tenga como vergonzante protagonista a Antonio Hernando, Secretario de Ciudades y Política Municipal del PSOE, es lo de menos. Lo que voy a comentar, podría haberlo protagonizado cualquiera de los portavoces de las distintas organizaciones políticas que pululan en nuestro país.

El pasado martes -por la boca muere el pez- el señor Hernando, anunciaba en Sevilla que en las listas a las elecciones municipales del PSOE no habría ningún garbanzo negro, ninguna persona imputada ni "mucho menos" condenada por los tribunales. Pero han bastado unas horas para que la realidad se imponga a las palabras. A cualquiera que consulte las listas, le va a resultar sencillo averiguar que las listas municipales del PSOE, están trufadas de personajes imputados.

Claro que de inmediato, de hecho el mismo miércoles, del otro lado le sacudieron a Hernando con la lista de imputados, que son muchos e importantes, pero que no voy a reproducir, porque insisto que lo que relato, podría haberse producido en cualquiera de los partidos que se presentan a estas elecciones.

Ante el ataque, Antonio Hernando lejos de retractarse, insistió en la limpieza de las candidaturas socialistas. "No irán imputados ni condenados", volvió a subrayar. Eso sí, a renglón seguido distinguió entre "los que se han metido la mano en el bolsillo" y los que han cometido "una irregularidad administrativa". Sobre estos últimos afirmó que tienen "derecho a la presunción de inocencia".

Alguno podría pensar que Antonio Hernando, es un pobre hombre que no ha tenido la oportunidad de formarse y por eso no sabe que la presunción de inocencia es un mandato constitucional que a todos ampara. Pero teniendo en cuenta que Hernando es licenciado en Derecho por la Complutense de Madrid y pertenece al Colegio de Abogados de Madrid y por más señalar, desde el año 1989 es abogado en ejercicio, el disparate, resulta difícilmente justificable. No estaría de más, que el Decano de Derecho de la Complutense y el Presidente del Colegio de Abogados de Madrid, lo llamen a capítulo y le den unas clases de recuperación de Derecho Constitucional, que falta le hace.

Para cualquier ciudadano que tenga un ápice de buena fe, la cuestión está clara, nuestros representantes mienten a conciencia, lo hacen a boca llena y con total impunidad. No importa mentir y lo que es malo en los demás, resulta bueno en los míos. Lo de los imputados se ha convertido en un arma arrojadiza que se utiliza para atacar al rival político. Cuando los tribunales imputan a alguno de los adversarios, se exige su inmediata dimisión, y cuando lo mismo sucede con los de casa, los imputados merecen la presunción de inocencia, que se niega a los contrarios.

Me parece intolerable. Pero mucho más grave resulta, la alegre aceptación ciudadana de estas costumbres deleznables. ¿No es hora de exigir limpieza a la hora de actuar políticamente, los corruptos, lo son menos, si militan en las filas de mi partido? Creo que se impone una reflexión y una acción urgente.

Somos los ciudadanos los que permitimos las charranadas de los políticos en ejercicio. Ellos al menos defienden el amargo pan que comen, pero nosotros ¿qué ganamos permitiendo que nuestros representantes electorales actúen como lo hacen?

¿Seguiremos permitiendo que el Parlamento Español se convierta en un renovado Patio del Monipodio, en donde nos representen, en lugar de los  padres de la Patria, los arrebatacapas, tocadores del dos, sirleros, cortadores de bolsas, trileros…, en definitiva la gente de mal vivir?. La exigencia de juego limpio y respeto a las normas debe nacer de la reclamación ciudadana. Si no lo hacemos, cómo vamos a quejarnos del resultado de nuestra desidia y complicidad. Es hora de exigir a partidos y políticos que actúen con la ética mínimamente exigible; que tampoco es tanto pedir.







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