miércoles, 16 de julio de 2014

El PSOE falta a su palabra en Europa

Con el puño en alto, una imagen obsoleta
Pacta sunt servanda, es una frase en latín que podría traducirse muy libremente como “hay que cumplir la palabra dada” o si lo prefieren “lo pactado obliga”. Me imagino que a un montón de jóvenes progresistas que militan en el PSOE les parecerá un claro síntoma de fascismo el utilizar el latín, algo tan antiguo, pero desde luego el contenido de la frase que se atribuye a Ulpiano tuvo una gran importancia en el desarrollo del derecho romano y me parece una expresión cuyo contenido deberían respetar todos los hombres de bien.

El comentario viene a cuento porque,lo que son las cosas, una de las primerísimas cosas que ha decidido hacer el flamante secretario general del PSOE, elegido el domingo si bien no proclamado todavía, lo primero que ha decidido hacer digo - eso sí después de organizar la entrada en Ferraz “de la mano” de Susana Díaz - ha sido ordenar a sus europarlamentarios, bueno a los suyos no, a los de su partido, que rompieran el pacto firmado hace bien poco y votaran en contra en la elección de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea.

No es que el PSOE a lo largo de su historia se haya destacado por cumplir los compromisos contraídos que tampoco nos vamos a engañar, pero francamente tomar una decisión que coloca al PSOE en el mismo bando que el partido ultraderechista de Le Pen, los ultraderechistas británicos o la izquierda radical griega y separa al PSOE del resto del grupo socialista europeo no parece que sea lo más aconsejable tal y como están las cosas.

La prisa que tiene Pedro Sánchez por demostrar que manda, no hace más que subrayar la falta de esa supuesta autoridad. Ha roto con uno de los principios básicos de cualquier político que se precie: No hay que crear problemas allá donde no los hay. Y con esa decisión poco meditada y populista pone al PSOE en una situación difícil en la UE, el partido socialista a través de esos catorce votos negativos ha demostrado rotundamente ante el parlamento europeo que a los socialistas españoles les importa un bledo romper con sus compromisos; pero para que el escándalo sea todavía mayor, no han tenido el menor empacho en beneficiarse del contenido de los acuerdos que acaban de romper, aunque sólo sea en la parte que les interesa.

Tras una serie de conversaciones entre los distintos grupos nacidos de las elecciones europeas se tomaron una serie de acuerdos, entre ellos el de aprobar al socialdemócrata alemán Martin Schulz como presidente de la Eurocámara. Ese acuerdo se firmó por todos aquellos que estaban conformes, entre ellos los socialistas y los populares  españoles y ahora tras ser votada la propuesta, el PSOE no ha dudado en incumplir los demás compromisos aceptados. Parece mentira que sean capaces de votar en contra de Juncker mientras la  inefable Elena Valenciano preside una comisión del Parlamento Europeo gracias precisamente a esos acuerdos que no han cumplido.

Se han beneficiado de esos pactos y ahora se niegan a cumplir la parte que les corresponde. Habrá quien sostenga que cuando se acordaron estas cuestiones D. Pedro Sánchez no era secretario general del PSOE y es cierto, pero sí eran parlamentarios del PSOE los que firmaron esos acuerdos con el visto bueno de su partido. Daba vergüenza ajena ver hoy a un hombre como el eurodiputado del PSOE Ramón Jáuregui intentando justificar lo que no puede tener  justificación alguna. Manifestó que votarían en contra de la elección de Jean-Claude Juncker, como presidente de la Comisión Europea, debido al "mandato" del electo secretario general, Pedro Sánchez.

No conforme con el trágala que ha descrito, para que la cosa pasara a tomar claros tintes esperpénticos, en lugar de utilizar eso tan socorrido de encogerse de hombros, poner cara de pena, que eso a Jáuregui no le cuesta ningún trabajo hacerlo y manifestar “que ya se sabe, quién manda, manda y cartuchos al cañón” u otra parecida, el pobrecito Jáuregui ha decidido meterse en honduras y ha explicado que el voto negativo  responde a una acción coherente, toda vez que ellos mantuvieron un discurso a lo largo de la campaña electoral basado en la "protesta rotunda contra la política económica de la derecha europea" de la que ha sido uno de los principales responsables Juncker.

Y  si se pone en esa tesitura, habrá que decir que los socialistas españoles, tanto su secretario general, como los europarlamentarios y entre ellos y de manera muy principal el amigo Jáuregui - que hay que ver los sapos que se traga con tal de vivir cómodamente como europarlamentario -  digo que todos ellos y el PSOE como partido entran en el territorio del esperpento más descarnado, como antes señalaba.

Porque deberían explicarnos a los que no somos socialistas y por tanto no entendemos de estas charranadas, si según cuenta el amigo Jáuregui, no han votado a Juncker, que es un “austericida” al que tienen muy calados los zurdos, por ser coherentes con el discurso de su campaña, dónde diablos quedaba la coherencia socialista cuando aprobaron los acuerdos, se beneficiaron de ellos y se olvidaron de todo lo que habían dicho durante la campaña ante la oportunidad de conseguir algunas prebendas.

Aquí el único problema real es que hay un señor recién llegado que tiene mucha necesidad de demostrar cosas y nadie le ha dicho que las prisas son malas consejeras y en ese vuelco a la izquierda que predica, no por convencimiento sino por una simple cuestión táctica - al fin y al cabo todos sabemos que lo hace con la intención de ocupar parte del terreno que le ha arrebatado Podemos - ha tomado una decisión que cree que sirve a tal fin y buscando su propio beneficio no le ha importado romper unos acuerdos que había aceptado el PSOE, el partido que ahora él dirige. Todo lo demás excusas de mal pagador.

Una vez más el PSOE incumple sus compromisos, algo que sin duda  le van a “agradecer” desde la Comisión Europea y desde los grupos parlamentarios. Los del grupo popular naturalmente están molestos, pero también desde el grupo socialista, que está hasta los pelos de este PSOE, incapaz de convertirse en un partido socialdemócrata al estilo del resto de los que funcionan en Europa. Porque hay que decirlo, la socialdemocracia europea está hasta los pelos de este PSOE montaraz que sigue sufriendo de esas pulsiones  guerra civilistas, sectarias y anticlericales que ha demostrado a lo largo de estos años y que no es capaz de evolucionar en la dirección que ha seguido el resto de socialdemócratas europeos.

Hay una expresión popular que se usa en Canarias, me van a perdonar por utilizarla porque es muy “rotunda” pero resulta muy gráfica. En esta bendita tierra cuando se quiere significar que alguien ha faltado a su palabra se dice “que se ha cagado en su palabra”. Pues bien D. Pedro Sánchez, el flamante secretario general del PSOE  no se ha cagado en su palabra, que al fin y al cabo es suya y allá él con lo que hace, ha hecho algo mucho más grave, con su decisión ha obligado al PSOE  a incumplir la palabra dada por el propio partido y eso sí que no es de recibo.

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