lunes, 7 de julio de 2014

La última misión en Mostar (Primera entrega)

Entrando en el barrio musulmán
Eran casi las 07,30 horas del día 17 de septiembre de 1993, me encontraba comprobando que en mi sección todo estuviera preparado, nos alistábamos para ir a Mostar a cumplir con nuestra última misión allí. Cerraríamos ese día nuestra actuación en la ciudad que debe su nombre al viejo puente, el Stari Most. No pude por menos recordar aquel ya lejano 20 de abril de 1993, día en que, recién llegados a Bosnia, nos tocó ir deprisa y corriendo hasta la ciudad, para parar los enfrentamientos entre musulmanes y croatas que hasta ese mismo día eran aliados y combatían al enemigo común, es decir los serbios.

Muchas cosas habían pasado en el terreno de la guerra, la mayoría nada buenas y la situación fue evolucionando a peor. A pesar de nuestros esfuerzos, lo del alto el fuego seguía siendo una entelequia y los dos bandos se combatían a sangre y fuego. No pudimos parar la guerra, que eso lo decidían los políticos y por lo tanto las decisiones finales estaban fuera de nuestro alcance; pero sí salvamos muchas vidas, evitamos injusticias a porrillo, dimos de comer al hambriento, llevamos medicinas allí donde se necesitaban, evacuamos heridos, en definitiva hicimos lo que pudimos y en ocasiones algo más. Teniendo presente nuestras posibilidades me iba muy satisfecho de nuestra actuación y extremadamente orgulloso de mi gente.

Me reuní con los jefes de pelotón para hablarles de los últimos informes de inteligencia que francamente no eran nada buenos. En la reunión participaron un capitán y un sargento del ejército del aire, que venían con nosotros a Mostar. Era un equipo especializado en  dirigir a la aviación  en ataques al suelo y señalamiento de objetivos, acababan de llegar y era la primera misión a la que asistían, los había colocado en el  BMR de Arienza Santos, que era el más callado de nosotros y les habíamos hecho sitio para el equipo de transmisiones que llevaban.

El parte “meteorológico” de Kiseljac, advertía de “fuertes tormentas” localizadas sobre todo en Vrdi y Mostar. Así que de antemano sabíamos que teníamos muchas posibilidades de sufrir bombardeos de envergadura. Un pensamiento se me pasó por la cabeza, me preguntaba si todo el mundo estaba ahora más preocupado por la seguridad, tanto la propia como la de sus subordinados, que cuando llegamos y tras comprobar el estado de ánimo de mi gente, me pareció que así era.

Parece un contrasentido, pero gente que se había jugado el pellejo, no una vez ni dos, con una tranquilidad pasmosa, gente que con valor,  determinación  y serenidad habían afrontado situaciones extremadamente peligrosas, ahora terminando la misión se sentían, nos sentíamos, algo incómodos ante la posibilidad que nos tocara bailar con la más fea, justo cuando la misión se acababa. Cosas de la naturaleza humana, pero parecía mucho más doloroso que te tocara pasar por un “mal trago”  justo acabando la misión.

Espanté esos pensamientos y conté lo que había a mí gente. En Mostar se esperaba que los croatas prosiguieran en su ataque, con la finalidad de doblegar a los habitantes del barrio musulmán, a los que tenían prácticamente cercados. Precisamente la actividad prevista en la zona de Vrdi estaba dirigida a cerrar las comunicaciones entre los musulmanes de Mostar y Jablanica.

El HVO acabó con el minarete
Les di el sermón correspondiente, pedí que estuvieran muy atentos a la seguridad de su gente y gasté tres o cuatro bromas para afectar la tranquilidad que no sentía. Pregunté si había alguna pregunta y sorprendentemente, en lugar del silencio acostumbrado,  el capitán del EA se lanzó a hablar y nos dio una teórica sobre su misión que nos dejó un poco descolocados. Tomé buena nota, para que en el primer momento en que no hubiera gente delante, explicarle  con detalle cómo se gestionaban estas cosas entre nosotros y recordarle que la máxima autoridad en la patrulla era yo, que era teniente pero era el que mandaba y disponía.

Di la orden para que se incorporaran a sus vehículos y me pasé por el Mercurio de transmisiones, en el que no había novedad, eran gente conocida y sabía que no iban a fallar. Pasé por la ambulancia en la que saludé a los dos intensivistas que nos acompañarían y que tenían por misión mantener con vida  a los heridos que se produjeran hasta que llegaran al hospital de campaña de Dracevo. El médico era un comandante que conocía del Tercio, les dije que estuvieran tranquilos que haríamos lo imposible para que no tuvieran que trabajar, el DUE era un  capitán, viejo conocido de las unidades especiales, así que estábamos en buenas manos, por otra parte el conductor del BMR era un cabo 1º, con años de servicio y que en momentos de apuro de los de verdad, siempre había reaccionado con valor y serenidad. Por ese lado no iba a tener problemas, aunque  estaba seguro que de crearnos problemas se encargarían con suficiencia los croatas.

Y hablando de croatas, me advirtieron que había llegado nuestra escolta de la policía militar HVO. No vayan a pensar en nada espectacular, un vehículo con tres desgarramantas que nos llevarían hasta la entrada del barrio musulmán. Una escolta que se nos había impuesto desde aquella vez que ya he explicado, en la que salimos escoltados de Mostar por el jefe de la PM de Bosnia, y que lo único que te garantizaba es que no te pararían en los checks point.

Ordené poner los motores en marcha, y cuando comprobé que todos estábamos listos, comuniqué por radio a mando que tenía la escolta del HVO en la carretera y solicitaba permiso para dirigirme a Mostar, me dieron el OK y nos pusimos en marcha hacia el cruce en el que nos esperaban los jáveos de los demonios. Le hicimos señales con los faros del blindado y al momento se pusieron en marcha.

No iban demasiado rápido lo que era de agradecer. Aunque yo  ya había pillado el tranquillo al problema de la velocidad excesiva de los vehículos de escolta. Si me encontraba con algún Fittipaldi, en lugar de intentar seguir su ritmo ­- a los croatas les encanta la velocidad y el código de circulación debe ser un  misterio para ellos -  digo que en lugar de seguirles, aflojaba la marcha exageradamente, hasta que los tíos renegando - en lo que quiera que renieguen los croatas - se acomodaban a mi marcha, porque uno ya es perro viejo y una cosa es perder el culo detrás de algún superior de esos que siempre llevan prisa y cosa distinta es que tragues y aceptes que unos cuantos jáveos te lleven como puta por rastrojo por esas carreteras de Dios.

Bueno pues íbamos por la carretera a una velocidad decente, hacía buen tiempo, Morales tenía un buen día y mantenía al blindado en la carretera sin demasiados bandazos, más de la mitad de los legías, los que estaban autorizados por el 1º Guerra, roncaban que se las pelaban  y había que disfrutar de ese extraño momento de paz y tranquilidad, porque ya sabíamos  que esos momentos eran muy fugaces y merecía la pena aprovecharlos de manera activa y consciente.

Encendí un cigarrillo y me recosté en la junta tórica de la escotilla, lo que me permitía viajar algo más más apartado de la plancha que me separaba del motor y de los radiadores  del blindado que me mandaban un  aire caliente a la cara que parecía viniera de lo más profundo del infierno.

Oí a Guerra  que me hablaba ― Hay que ver mi teniente, lo rápido que ha pasado la misión.
― Pues según se mire Guerra ― le contesté ― a mí, en ocasiones me parece que me hayan parido en el barrio musulmán y que llevo toda la vida allí.
Guerra se echó a reír ― Pues tiene razón esto del tiempo es muy relativo.
Lo miré y como estábamos de buen humor bromeé con él ― Ya veo que estás de acuerdo con Einstein ― Guerra arqueó las cejas ― Sí hombre el científico que nos explicó que el tiempo y el espacio son relativos.

― No se enrolle mi teniente ―, sacó un cigarrillo ―pero es verdad que según se mire parece que llevamos aquí media vida y otras veces, según esté uno, parece que fue ayer cuando aquel croata no nos dejaba pasar para ir a Mostar la primera noche que llegamos. ¿Se acuerda?
―Joder Guerra como para olvidarse, vaya nochecita nos tiramos el día del estreno, espero que hoy  que cerramos cartera, nos vaya mejor.
― Pues no parece mi teniente, según lo que nos ha comentado, me parece que nos van a dar un día de los de abrigo.

― Ya sabes lo que siempre te digo, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él, pero cuidadito con la gente, que querrán despedirse de los amigos y sobre todo de las chavalas, cuidado como se hacen estas cosas, a ver si al final, tras habernos comido todo lo que nos hemos comido sin novedad, el último día tenemos una desgracia por un  descuido tonto. Ojito con la gente, Guerra.
― No se preocupe mi teniente, todo el mundo está igual, se acaba la misión y lo de la seguridad ha sido importante durante todo este tiempo, pero ahora parece que preocupa más ― Vio que le iba a interrumpir y se apresuró a seguir ― A mí me pasa lo mismo, hemos tenido mucha suerte y no vaya a ser que la encharquemos a última hora.

― Vamos a dejar el tema, Guerra, que parece que estemos llamando  a la mala suerte.
― Como prefiera mi teniente y esos del ejército del aire ¿qué pintan en la fiesta ésta?
― Pues no lo sé demasiado bien, esta gente vienen con la siguiente agrupación, con nosotros no creo que tengan mucho ver ― Le miré burlón ― Pero de todas maneras el capitán hace un momentito te ha explicado muy detalladamente cuál es su misión.
― Es verdad, vaya rollo nos ha soltado, usted no se ha visto la cara.

― Tranquilo Guerra, estos del ejército del aire son buena gente, ya sabes que la pistolada en cuanto tiene que tratar con La Legión se ponen nerviosos y tienden a ponerse bordes o mandones, en cuanto lleguemos a Mostar le voy a dar una charla y verás cómo se adapta perfectamente. Lo que pasa es que ayer cuando nos presentaron, alguien le dijo que yo era catalán y éste es merengón a tope y me soltó un rollo sobre el Barça que no se acababa nunca y cuando empezó a aflojar porque ya no podía más, le dije muy sonriente, no se canse mi capitán yo soy del Español y parece que lo de no haber hecho blanco, le cabreó.
― Por eso va con Arienza, para que no me coma el coco.

El Cabo 1º Guerra se echó a reír ― Bueno al menos hoy tenemos dos vikingos, ya procuraré que Espinosa hable con él y van a estar encantados.
― Sí será mejor, porque conozco a los “aviadores” y son muy buena gente, hay que dejarles que nos tomen un poco el pulso y estarán encantados. Además están en buenas manos Arienza es un tío que tiene mano para tratar a los de afuera.

A lo lejos pudimos ver las primeras edificaciones de Mostar, el vehículo del HVO nos hizo señas para indicarnos que se quedaban en la curva y allí esperarían a la sección saliente, los saludé y seguimos en dirección al barrio musulmán. Deseaba que las cosas estuvieran tranquilas pero ya desde lejos se oían explosiones.


Mañana seguiremos con el relato, que resultará entretenido porque nos pasó de todo o casi de todo.

2 comentarios:

  1. Apasionante Sr. Rives. Espero con mucho interés la continuación. Viví con mucha tristeza la guerra de los Balcanes desde Barcelona, también orgulloso de la misión del Ejercito de mi país en ese conflicto.

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  2. Buenas noches Sitges, le agradezco su amable comentario. Saludos.

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