domingo, 28 de agosto de 2011

A Rubalcaba le crecen los enanos

Rubalcaba pensativo,  ciertamente tiene sus motivos

No es que en algún momento las aspiraciones de Rubalcaba tuvieran demasiadas expectativas, eso lo veía cualquiera con ojos en la cara y no tuviera la fe del carbonero en la capacidad para la prestidigitación política del PSOE. El candidato socialista comenzaba el partido con la finalidad confesada de perder por la mínima y todos sabemos cómo acaban estas cosas, pero tampoco tenían los socialistas mucho donde escoger.

La situación a la que nos habían llevado las insufribles improvisaciones zapateriles, la interminable imposición de una serie de medidas que decían perseguían ampliar el abanico de derechos, aunque solo conducían al enfrentamiento ciudadano; la radicalización de esas propuestas con la consiguiente polarización de la sociedad, el abrumador fracaso económico, el ridículo internacional, la estéril actuación del gobierno, la sumisa entrega del Estado a los nacionalistas, el fracaso del “proceso de paz” con ETA, la incapacidad para comprender la gravedad de la situación, el empeño de fiar más en las ocurrencias que en el trabajo riguroso, la repugnante sumisión a Zapatero - un iluminado que ni siquiera tuvo esas dos tardes en las que pretendían enseñarle los conceptos económicos fundamentales - la llegada hasta los puestos de mayor responsabilidad de la nación de una colección de ágrafos, sin otro  mérito conocido que su indigencia intelectual y su capacidad infinita para la sumisión y la lisonja, lo del encuentro planetario podría ser el paradigma que ha presidido la filosofía de los equipos de Zapatero; todo esto y muchas cosas más son la triste herencia que nos deja Zapatero y a las que tenía que hacer frente el candidato socialista que se presentara.

Con estos mimbres pocos cestos se podían hacer y como pintaban bastos decidieron encomendarse a la mercadotecnia y a la reconocida capacidad para vender humo de esta izquierda progre que ha renunciado desde hace años al ejercicio de la verdad, el rigor intelectual, el trabajo bien hecho al servicio a España y al interés general y lo cambiaron  por la utilización de la mentira como arma de esa política dicen que progresista, la improvisación, la ocurrencia y el maniqueísmo más repugnante.

Y se escogió a Rubalcaba en una medida que servía más a la ambición personal del candidato que a sus posibilidades reales de cara a las elecciones. Si el futuro del PSOE pasaba por la oscura figura de Rubalcaba, muy mal tenían que estar los asuntos de los socialistas. Aunque esta situación no es nueva, bastaría recordar el Congreso en el que Zapatero consiguió la Secretaría General del PSOE. Se presentaban ZP y Bono, vistos los candidatos habrá que reconocer la paupérrima situación del socialismo español, que ya era preocupante entonces y ahora es desesperada.

Rubalcaba se enfrentaba a dos problemas fundamentales, su propia imagen y la falta de credibilidad de las promesas de un personaje que ha formado parte durante muchísimos años de los gobiernos de Zapatero, cuyo fracaso obligaba precisamente a buscar una renovación, objetivo imposible a la vista de la elección del candidato.

Pero la situación no ha hecho otra cosa que empeorar, la manipulación del movimiento del 15 M, el trato de favor ofrecido a sus componentes, los distintos guiños a este movimiento y al resto de la izquierda radical, el intento de radicalización del discurso ha chocado de frente con la última decisión de Zapatero: Prohibir el déficit por ley, y para más INRI hacerlo en la propia Constitución, con el agravante de proponerlo por sorpresa y llevarlo a cabo en un espacio de tiempo tan corto que ha hecho imposible el debate, esto ha terminado con cualquier posibilidad de lanzar un  mensaje de izquierdas.

El abandono del culto al “santo déficit”, la desaparición de las políticas keynesianas, cierran el debate entre doctrina socialdemócrata y políticas liberales a favor de la teorías conservadoras, la decisión de Zapatero, impuesta por Europa, pero decisión al fin y al cabo de ZP y su gobierno, ha dado el tiro de gracia a las pocas posibilidades que tenía Rubalcaba en su intento de seducir a la izquierda situada más a la izquierda del PSOE.

La postura del candidato ante la medida, expresa claramente su sorpresa. Rubalcaba nada sabía de lo que se tramaba, lo prueba el hecho de haya criticado la medida, la haya apoyado o incluso haya intentado proclamarse como el hacedor del acuerdo al que llegaron los del PP y el PSOE, afirmación que ha sido convenientemente desmentida por las dos partes.

Es en el propio partido socialista donde han surgido las primeras voces que proclaman que Zapatero está ajustando cuentas con Alfredo, lo que da medida de la descomposición socialista. Por otra parte las patéticas explicaciones del candidato socialista empeñado en la estéril tarea de convencer al electorado de que “gastar dinero no es de izquierdas” no convencen a nadie, sobre todo porque aquí  quien ha creado la deuda ha sido el PSOE, aunque algún cínico podría afirmar que Rubalcaba no ha faltado a la verdad porque no hay nada más alejado de la verdadera izquierda que el propio PSOE.

La realidad indica cual es el camino que debe recorrer la socialdemocracia que ha tenido que aceptar un modelo económico muy alejado del intervencionismo, el déficit y el gasto público como motor de la recuperación, medidas que se han demostrado totalmente incapaces de hacer frente al problema de la deuda. Algunos apostaban por la radicalización de la propuesta de la izquierda, es el que escogió Rubalcaba, aunque fuera únicamente en el plano de las promesas electorales, ese es un camino que muy probablemente no pueda sobrevivir en una Europa que apuesta decididamente por la libertad económica y una menor presencia del Estado en la sociedad.

Así que Rubalcaba lo tenía mal, pero ahora está en ese estadio en el que parece lo hubiera mirado un tuerto. Sus intentos de seducción de los votantes de la izquierda radical, sus guiños al 15 M, han sido liquidados por la medida de la reforma constitucional que se verá obligado a votar a favor ¿o no?

Mueven a compasión sus declaraciones de hace unas horas en las que volvía a proclamarse líder del PSOE; los verdaderos líderes no necesitan hacer declaraciones de autoafirmación; las deserciones de muchos socialistas de peso que al parecer prefieren cuatro años en el dique seco antes de que se les vea en la indeseada compañía de Rubalcaba, lo maltratan ante los votantes y ahora la presunta “traición” de Zapatero lo crucifica, creo que definitivamente, solo queda que el electorado clave la tapa en su ataúd... político.

Todo marca la percepción de un fracaso que, parece, se anuncia estrepitoso.

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