lunes, 22 de agosto de 2011

¿Volvemos a la normalidad?

¿Hay quién esté interesado en que esta imagen perdure?

Esta es una pregunta que creo que se estarán haciendo hoy muchos de los españoles que hemos soportado la tensión que ha organizado la “izquierda” a cuenta de la visita del Papa. La actitud de los que decidieron “oponerse” activamente a la visita papal, constituyó un error descomunal, sacó a la superficie lo peor de muchos ciudadanos, que entendieron que la utilización de la violencia, el insulto, la agresión y la desobediencia a las órdenes de la Policía, eran los instrumentos precisos para mantenernos a todos en el buen camino democrático.
Difícil resulta que esta gente haga una autocrítica, eso quedó para aquella izquierda marxista con una carga ideológica importante; de aquellos tiempos sólo les queda la aplicación de un axioma que los convierte en extremadamente peligrosos “el fin justifica los medios”, sumen a ello un temor absolutamente irracional por todo lo que tenga que ver con la religión. Lo han demostrado hoy, como lo demostraron siempre que tuvieron la oportunidad, a lo largo de nuestra historia.
Irracional el temor e irracional el odio consiguiente, precisamente eso es lo que transforma la actitud mayoritaria de la izquierda con la Iglesia en extremadamente peligrosa. Han llegado hasta el esperpento, su insensata oposición y el empleo de la demagogia, han puesto de relieve lo peor de una izquierda que ha sacado a la calle a auténticos monstruos, que con su actitud han sorprendido  y repugnado a muchísimas personas de cualquier color político.
Eso sí, la visita del Papa ha servido al PSOE para tapar las vergüenzas de un gobierno en encefalograma plano, que el pasado viernes mantuvo un Consejo de Ministros cuyos acuerdos, han de validar los diputados que mañana acudirán al Congreso para celebrar un pleno extraordinario con esa finalidad. Otro parto de los montes que va a conseguir un insuficiente ahorro de 5.000 millones para las arcas públicas. Mal se entiende que Zapatero empeñado en aparentar una actividad que no practica, celebre dos Consejos de Ministros extraordinarios en dos semanas consecutivas, cuando lo que hay que tratar podría haberse solucionado en una sola sesión, lo que nos hubiera ahorrado, a todos los españoles, los gastos de uno de los dos Consejos de Ministros y del pleno correspondiente, pero nada es caro si sirve a la causa socialista, empeñados como están en aparentar más que en gobernar, en fingir actividad donde no hay más que parálisis, frustración y abandono.
El PSOE se enfrenta a problemas de muy difícil solución desde todos los puntos de vista, pero sobre todo se enfrenta a un problema que por su carga de irracionalidad les va a resultar muy difícil de vender. El PSOE anda por los caminos de lo ilógico porque sus intereses partidistas le obligan a ello, pero las contradicciones se pagan. La interinidad que ha creado el anuncio del adelanto de las elecciones ha dado como resultado una bicefalia injustificable.

Por una parte Zapatero, oficialmente Secretario General del PSOE, que nada pinta ya en el partido, ni siquiera en el gobierno y por otra Rubalcaba, nuevo líder del partido, al que nadie ha nombrado pero que así es aceptado y que dicta las actuaciones del gobierno de manera pública y notoria.
En estos días los del equipo Rubalcaba han decidido dos cosas de muy difícil justificación, por una parte han “escondido” al candidato –no está el horno para muchos bollos-  supongo que han preferido que no se manifestara para evitarle el desgaste correspondiente y por otro han decidido hacerle oposición a su partido. Resulta muy llamativa la actitud del equipo del candidato, atizando leña a las acciones del gobierno socialista. Rubalcaba como candidato exige se abran investigaciones a la actualización policial que ha ordenado un ministro socialista. Todo sea por conseguir los votos de los “indignados”.
Podrá defenderse la actitud de crítica al ministro y a la delegada del gobierno socialista, arguyendo que Rubalcaba no puede aceptar acciones ilegales de algunos policías y que con su exigencia no hace otra cosa que dar más brillo a la impoluta túnica que viste el candidato y que subraya la impecable exigencia ética de un hombre honrado. Claro está que esa exigencia ética choca de frente con la actuación de Rubalcaba cuando ocupaba, hace cuatro días con pasado mañana, ese mismo ministerio y sucedía lo que se conoce como el “Caso Faisán”, ahí sí que no se abrió la investigación interna por la que clamaba la oposición, por lo tanto lo de la exigencia ética habrá que sustituirla por oportunismo electoralista y ahí podré ya estar más de acuerdo.
Sigue el PSOE en ese camino que lo lleva indefectiblemente a la derrota, de tal manera que Zapatero se ha visto en la obligación de anunciar que las encuestas del CIS dan muy buenos resultados para Rubalcaba, obligado por los anuncios  que desde el entorno del PP advertían satisfechos que el “efecto Rubalcaba” había desaparecido de las encuestas electorales.
Por otra parte y por complicar las cosas y añadir presión a la presión, ETA juega su particular cuarto a espadas y anuncia que exige para anunciar su disolución la legalización de Sortu y garantías explícitas del Gobierno sobre el futuro de sus presos. Dos exigencias que hoy por hoy parecen imposibles de realizar. Así que esta baza la pierde, como tantas otras, Rubalcaba.
Por eso y por muchas cosas más, como decía la canción, es por lo que hay que preguntarse si volvemos a la normalidad. La respuesta es que no, que aquí no habrá normalidad mientras pinten bastos para las expectativas electorales del PSOE, esto es así de sencillo.
Los socialistas no están dispuestos a permitir que el PP gobierne, su trabajo está en evitar la mayoría absoluta de los populares al precio que sea. Y esto, conociendo como se las gastan, los convierte en peligrosos, creo que aunque sólo sea por eso hay que trabajar para que esta gente sufra un derrota tan importante que les obligue a una reflexión, aunque sea de las cosméticas, que ya sabemos de la ductilidad del paradigma ético de estos socialistas del PSOE y perdonen ustedes el oxímoron.

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