sábado, 12 de marzo de 2011

¿Corruptos?, todos o casi todos


Quede claro desde el principio que el título de esto que escribo, por mucho que pueda extrañar a algunos, no hace referencia a la casta política, sino que hablo, y sálvese quien pueda, de la generalidad de los habitantes de este país. Y antes que se enfaden conmigo, dos reflexiones. Tan injusta es mi generalización, como la que usted ha hecho más de una vez dedicada a los políticos de nuestro entorno, y la otra, me van a permitir señalar que mi título deja abierta una puerta a la honradez de algunos. Ya saben lo que reza el dicho: El que sea cofrade, que coja su vela.

Hoy he tenido la mala suerte de leer lo que afirmaba, en un acto del PSOE, José Miguel Pérez candidato socialista a la presidencia de Canarias, que decía más o menos que a la política no se viene a forrarse como hace el PP. Bien yo no quiero, ni tengo motivos para esgrimir el conocido “ y ustedes más”, pero a pesar de que no me afecte la afirmación, me pregunto si José Miguel Pérez es capaz de sostener que los socialistas por el mero hecho de serlo, son honrados de nacimiento y los del PP no.

No se puede generalizar y mucho menos subrayar la corrupción que pueda haber en el campo adversario mientras ignoramos la que sucede en nuestro entorno. Y como se acercan las elecciones y parece que la campaña se va a sustentar más en descalificación sectaria que en la oferta electoral concreta, quiero recordar que quienes se corrompen son las personas, independientemente del partido al que representan o en el que militen.

Y perdónenme la contundencia, pero cuando alguien presume de honrado, de manera automática e inevitable, pienso si será que no ha tenido ocasión de corromperse. El otro día leía una carta abierta de una supuesta limpiadora de un hospital público de Madrid, en la que ésta manifestaba su repulsa por el trato que recibió, en ese hospital, Esperanza Aguirre, cuando fue operada del tumor de mama que le aquejaba.

La limpiadora daba un repaso a la estancia de Esperanza Aguirre y todo le parecía fatal. Se quejaba, desde que a ella le habían cambiado su carro de la limpieza por uno nuevo a cuenta de la estancia de "Espe", a que el trato personal había sido distinto en favor de la política. Que parecía mentira que se hubiera ocupado media planta, que si las molestias del servicio de seguridad y el trabajo que daban las múltiples visitas que allí acudieron a interesarse por el estado de la Presidenta de la Comunidad.

No sé si la limpiadora existe o alguien escribió esa carta abierta con la intención manifiesta de atacar a Esperanza Aguirre y puedo sospecharlo porque nadie firmaba la misma. Quiero hacer una reflexión ¿hay alguien que dude que, de existir la limpiadora, ésta no se beneficia de su cercanía a médicos, enfermeras, administrativos, etc., para recibir una atención médica en mejores condiciones que el resto de los mortales, salvo esperanza Aguirre? Bien eso es corrupción ¿qué no exagere?, bueno pues es una corruptela. ¿Qué todo el mundo lo hace?, de eso me quejo precisamente.

En España los políticos, no son de una raza extraña. Son nacidos de madre como todo el mundo, por tanto cuando manifestamos eso tan socorrido de que “todos son iguales” están ustedes reconociendo lo que yo mantengo. Los ciudadanos españoles ejercemos una moral más bien laxa, lo que nos convierte a todos o casi todos en corruptos o corruptibles si ustedes lo prefieren.

Si podemos engañar a Hacienda, lo hacemos. Si podemos cobrar en negro, pues tal día hizo un año. Si tenemos algún amigo, conocido o pariente en la administración del hospital, nos fumamos la lista de espera de la sanidad pública. Muchos de nosotros si nos dan el cambio erróneo y nos favorece, nos alegramos de la suerte que tenemos, en vez de avergonzarnos de lo que acabamos hacer.

Pedimos y conseguimos bajas médicas innecesarias, faltamos al trabajo porque tenemos resaca y no “un resfriado muy fuerte”, si podemos copiar en los exámenes, lo hacemos, y mentimos en nuestro currículo. Así que no es de extrañar que los políticos nos salgan tan “corruptibles”, lo son por ser ciudadanos de este país y como ya he dicho antes, sálvese quien pueda.

Triste es el panorama, pero mientras no hagamos un cambio radical y nos exijamos a nosotros mismos, lo que exigimos de los demás poco vamos a adelantar. Necesitamos de una regeneración moral como del aire que respiramos, si no lo hacemos seguiremos gobernados por una serie de personas entre las que pululan los que van a la política a forrarse, pero no por ser del PP, el PSOE o el PNV, sino simplemente por formar parte de un pueblo de moral muy frágil y poco exigente. Para nosotros ya es tarde, pero quizás podríamos solucionar este problema para las generaciones que vienen.

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