martes, 22 de marzo de 2011

Libia, la de vueltas que da la vida


A veces uno no puede menos que pensar lo cierto que resulta lo del movimiento pendular de la Historia y la curiosa repetición de hechos, conductas y errores. No sé si alguien dijo, me parece que sí, que la historia es maestra de la vida. Si lo dijo se olvidó de utilizar el modo condicional para conjugar el verbo. Desgraciadamente la historia debiera ser maestra de la vida.

El ciego empeño en defender nuestra intervención armada en Libia, por parte de aquellos que, olvidando que los del PSOE también han hecho lo contrario, justifican la decisión del agonizante Zapatero en la bendición apostólica de la ONU, me resulta difícil de aceptar. Y no me refiero al sindicato de la ceja, al que en estos días obscenamente se le ha “engrasado” convenientemente la conciencia con una generosísima subvención, sino a los ciudadanos de a pie, que manifiestan ser progresistas y que se empeñan en aferrarse a la aprobación de Naciones Unidas al ataque a Libia, para justificar el hecho.

Retrocedamos en el tiempo, corría el año 1095, a Roma, capital del mundo de la época, llegaban malas noticias de Jerusalén, contaban aquellos que decían haber estado allí que los musulmanes estaban sometiendo a los peregrinos cristianos a “insoportables martirios” El Papa Urbano II decidió acabar con el problema organizando una “peregrinación armada”, no sabía que acababa de crear un concepto nuevo: Las Cruzadas.

El documento verbal que oficializó la nueva situación, un llamamiento formal de Urbano II, aconteció el jueves 27 de noviembre de 1095. El Pontífice al grito de '"Dieu lo volti” (¡Dios lo quiere!), proclamó lo que hoy conocemos como la primera cruzada. Hoy por hoy, como lo de Dios está profundamente devaluado, y así nos luce el pelo, lo de Dieu lo volti, se ha transformado en ¡¡La ONU lo quiere!! y aquí paz y más allá la gloria celestial.

La afirmación Dios lo quiere, justificó una guerra crudelísima que se coronó con la toma de Jerusalén y una matanza espantosa, en la que los cruzados mataron, asesinaron, torturaron, violaron a mansalva y acabaron con toda la población musulmana y judía que quedaba en la Ciudad Santa, cuyas calles chorreaban de sangre inocente.

Hoy por hoy al grito de la ONU lo quiere, Zapatero cual Pedro el Ermitaño (para las víctimas de la LOGSE, se recomienda visitar Google) redivivo, proclama la nueva cruzada y allá que nos vamos para Libia. El hecho de que la operación no tenga ni una jefatura consolidada, ni que sepamos bien a qué nos comprometemos, no tiene importancia. Zapatero que ya no tiene nada que hacer en el gobierno que debiera presidir, nos monta en el caballo de uno de los cuatro jinetes de la apocalipsis y nos embarca en una aventura que nadie sabe en qué va a terminar.

Se suponía que la acción aliada se limitaría a crear una zona de exclusión aérea para evitar que la aviación de Gadafi masacrara a los rebeldes, no es que tenga mucho sentido, si el sentido del honor y la conciencia de los occidentales nos impulsan a meternos en una guerra civil, creo yo que la finalidad a perseguir debiera ser que las hostilidades cesaran de inmediato y no actuar por aquello de equilibrar la pelea.

Las declaraciones de Trinidad Jiménez de ayer en las que manifestaba que ella entendía que Gadafi no era un objetivo, deja bien a las claras que alguien si cree que hay que acabar físicamente con el tirano y que lo de la exclusión aérea de Obama y Sarkozy es como lo de la “peregrinación armada” de Urbano II, una excusa para vestir al santo de turno.

Las filas aliadas de hoy sufren el mismo desconcierto que sufrieron los cruzados. Si ayer fue Urbano II y su lucha con Guiberto el antipapa, o las vicisitudes de Alejandro Comnenos que está perdiendo su imperio y apresa a Hugo de Vermandois y al vizconde de Melún como garantía que cubriera los daños producidos por los cruzados que arrasaban todo aquello que encontraban a su paso, hoy son las cuitas de Obama que quiere entregar el mando de la operación a la OTAN, por aquello de la financiación y de sus relaciones con los países árabes, Sarkozy que, vistas las encuestas preelectorales, prefiere seguir mangoneando y la OTAN que parece decir “verdes las habéis segado” con Alemania, Italia y Turquía, entre otros países, que se oponen a la intervención.

¿Alguien me puede decir que se nos ha perdido en Libia? En Egipto aquella revolución maravillosa y pacífica costó 500 muertos y más de 5.000 heridos y nadie abrió la boca porque allí estaba el ejército egipcio a las órdenes de los intereses americanos.

Nos hemos metido en un asunto del que nadie conoce muy bien cuáles son sus intenciones reales. A mí me parece que, hoy como ayer, el grito de “la ONU lo volti” resulta poco argumento como para embarcar a España en una aventura bélica que no sabemos cómo va a acabar ni que finalidad persigue.

Hoy como ayer: Antaño Dios y hoy Naciones Unidas como excusa para servir a los intereses de Urbano II o de Obama, por mí a los dos que los vayan peinando. Sabemos lo que pasó con la Cruzada, aprendamos de la Historia, el paralelismo es evidente...





















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