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Europa y la cruz

Hace muy pocas fechas el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos dictaba una sentencia muy importante en tanto en cuanto crea jurisprudencia y por tanto obliga a los países pertenecientes a la Unión, una sentencia en la que el alto tribunal radicado en Estrasburgo, estimaba que la presencia de los crucifijos en las aulas italianas es conforme con el contenido de la Convención Europea de los Derechos Humanos.

La sentencia da la razón a la postura del estado italiano, que mantenía la presencia de los crucifijos en las aulas, a lo que se oponía Solie Lautsi, una ciudadana italiana, que lleva nueve años pleiteando para que la cruz fuera retirada de las aulas del colegio en el que estudian sus hijos. Petición que le fue concedida en el 2009, por este mismo tribunal, que entonces dio la razón a la demandante y que ahora manifiesta que la presencia de la cruz no viola el derecho a la libertad de conciencia.

Según la sentencia, "un crucifijo colgado de una pared es un símbolo esencialmente pasivo, cuya influencia sobre los alumnos no puede ser comparada a un discurso didáctico o a la participación en actividades religiosas". Añade el texto que la presencia de los crucifijos no está asociada a una enseñanza obligatoria del cristianismo y "nada indica que las autoridades se muestren intolerantes hacia los alumnos de otras religiones, no creyentes o de otras convicciones filosóficas".

Aquí en nuestro país, pues lo de siempre, unos encantados y otros extremadamente molestos. Hemos creado una sociedad, en la que muchos observan una conducta que no es aceptable, “no es justo lo que no es de mi gusto”. Las sentencias no tienen porque ser del gusto de todos, pero hay que acatarlas y obedecerlas. Aquí en España hemos podido observar, como dirigentes políticos desobedecen sentencias de manera impune, declaran que van a ponerse de acuerdo para hacerlo y el poder judicial calla y por lo tanto otorga.

Nadie hace nada, en todo caso unos pocos ejercemos el estéril derecho al pataleo, pero la inmensa mayoría de la sociedad permanece en silencio o lo que es peor festeja este hecho. Parece que nadie quiera ver que esta situación lo único que hace es socavar los fundamentos de nuestra democracia.

Decía que aquí cada uno diciendo lo que mejor le parece, la federación que agrupa a los padres católicos, la CONCAPA, celebra la sentencia; mientras los de la CEAPA siguen manteniendo su oposición a que en las aulas esté colocado el crucifijo, por entender que este símbolo “pertenece al ámbito privado de las personas”.

Pero parece claro cuál ha sido el motivo por el que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ha entendido que la presencia de la cruz no va en contra de la libertad de conciencia de  los alumnos ni de la de los profesores. El alto tribunal ha argumentado que el crucifijo es un símbolo no solo de la fe cristiana, sino de identidad cultural de Europa.

No puedo estar más de acuerdo, por mucho que les duela a algunos, la cultura europea se ha nutrido desde hace siglos de la filosofía del cristianismo, y la cruz ha trascendido de símbolo religioso, que lo es sin duda, a formar parte de la identidad cultural de los europeos.

Resulta sorprendente la facilidad con la que algunos adoptan posturas activas de rechazo del cristianismo, mientras que aplauden con las orejas otras manifestaciones religiosas, las musulmanas por ejemplo. Todo lo que tenga que ver con la religión católica en nuestro país, es rechazado violentamente por una minoría que parece que no entiende nada o lo que es peor, que nada quiere entender..

Hace unos días pudimos ver cómo era profanada (es un término legal que conste), una capilla en la Universidad Complutense de Madrid. Unos universitarios, que seguro que se reputan demócratas y amantes de la libertad entraron violentamente en la capilla y una vez allí se dedicaron a beber cerveza y fumar porros, mientras contemplaban como algunas de sus compañeras semidesnudas llevaban a cabo actos lésbicos en el altar. Que conste que lo de lésbicos lo señalo por ser preciso, sentiría la misma repugnancia si los actos sexuales llevados a cabo allí hubieran sido heterosexuales.

Puedo aceptar que haya quién no quiera que haya una capilla en el recinto, puedo entender que se proteste, pero resulta inadmisible esta conducta aberrante. Espero que de una vez por todas las cuestiones que tengan que ver con la religión en nuestro país se afronten con cierto rigor intelectual, inteligencia y dignidad.

Hoy muchos luchan contra la Europa de la cruz pero apoyan a la de la espada. A mí me parece un contrasentido. De todas maneras y por centrarme en el tema, espero que Educación acate, cumpla y haga cumplir la sentencia sobre el crucifijo y las aulas con el mismo entusiasmo que si la opinión del Tribunal hubiera sido la contraria; que eso es lo que toca cuando uno es demócrata… pero de los de verdad.



























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