domingo, 13 de marzo de 2011

La izquierda progresista, los salarios y la productividad

Merkel y ZP celebrando algún acuerdo
Hace ya tanto tiempo que Zapatero cruzó su particular Rubicón económico y social que poco o nada impresionan las medidas que está implementando al objeto de producir el recorte en el gasto público y conseguir la minoración del déficit. Pero se me ocurre una reflexión que quisiera compartir con mis lectores.

Ya sé que todavía tiene -cada vez menos- cierta virtualidad la teoría que sostiene que la crisis que sufrimos era inevitable, por internacional, y que bastante ha hecho el gobierno socialista con intentar manejarla; otro de los mantras que se han utilizado más indiscriminadamente, el de la de que la crisis cogió por sorpresa al mundo entero, incluyendo a Solbes y ZP, también ha demostrado su falsedad, gracias a la filtración de la Inspección del Banco de España, que puso de manifiesto que ya a principios del 2008 el gobierno sabía lo que iba a suceder con la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento generalizado de nuestra banca, la falta de liquidez de la misma, los excesivos riesgos adquiridos alegremente por nuestro sector financiero, etc., etc., y los peligros que esa situación conllevaba.

Ahora, tras aceptar que el incremento de los salarios vaya ligado a la productividad, no sé qué río ideológico le queda por cruzar. Ha aceptado punto por punto el Pacto de Competitividad que Merkel propuso hace ya algún tiempo, de hecho habrá que reconocer que, económicamente hablando, en esta España de nuestros pecados gobierna Merkel y no Zapatero. De la izquierda progresista que decía representar el PSOE, no quedan ni los restos.

Si los incrementos salariales ya no van a estar ligados al aumento de la inflación, en este país  pueden empezar a preocuparse muchísimos asalariados y con mayor motivo los funcionarios y jubilados que no se a que concepto de productividad se van a acoger. Siempre se había acudido a la congelación salarial de los funcionarios cuando pintaban bastos y había que recortar el gasto público. Esta vez se ha reducido el salario de los funcionarios y la congelación se ha llevado a cabo sobre las pensiones de los jubilados; lo ha hecho un gobierno que se dice de izquierdas y progresista.

Supongo que soy un ingenuo pero no puedo menos que preguntarme, cómo se puede aceptar llevar a cabo estas políticas sociales, y otras peores, cuando llevamos años escuchando a Zapatero que eso se haría, en todo caso, por encima de su cadáver. Entiendo que la situación es tan grave que las medidas nos vienen impuestas desde Europa, pero esa situación la ha provocado la inanidad de nuestro gobierno.

Me pregunto ¿se puede aplicar en la política económica y social justo lo contrario de lo que se ha predicado siempre; exactamente lo contrario de lo que se ha prometido hasta ayer mismo, sin dimitir? Cuando la crisis, te obliga a traicionar todo tu programa electoral, cuando la presión de los “mercados” te empuja a implementar las medidas que juraste no aplicar jamás, cuando nada queda de aquel discurso de investidura con el que llegaste a la presidencia del gobierno, cuando Europa aprieta y te convierte en el “neocon” más sumiso de la comunidad europea, ¿no hubiera sido más honesto convocar elecciones para que los ciudadanos eligieran a quien debiera enfrentarse a esa situación?

Nos han vendido una realidad que no ha existido jamás. Cuando las cosas iban bien era gracias a la acción del gobierno de ZP y ahora que van mal la culpa es de los mercados, de Europa y del “capitalismo salvaje”. Zapatero erró en el diagnostico – negó la existencia de la crisis – y erró en el tratamiento del problema. Se embarcó en una política de gasto público y endeudamiento que nos ha conducido al presente desastre, política que era justamente la contraria a la que todo el mundo llevaba a cabo. Resultado, los hechos demuestran que el equivocado ha sido Zapatero, que se jugó nuestra herencia por el triste plato de lentejas de su permanencia en el poder.

No resulta aceptable que estemos sufriendo a un gobierno que no ha acertado ni en la prevención ni en el tratamiento de la crisis; un gobierno que ha producido el mayor número de parados de nuestra historia, que ha socializado las pérdidas de la banca, mientras sus propietarios siguen enriqueciéndose, que ha empobrecido al país, que está liquidando a la clase media, que ha abandonado a su suerte los jubilados y menos favorecidos y que se mantiene en el poder, únicamente porque conviene a los intereses electorales del PSOE, ese partido que dice representar a la izquierda progresista del país.

Resulta, al menos para mí, inadmisible



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